La grieta quedó atrás.
No desapareció.
Se durmió.
Como un animal antiguo que reconoce al que salió vivo…
y decide observarlo antes de volver a morder.
El valle estaba distinto.
No eran las rocas.
No era la luz.
No era la atmósfera.
Era Syra.
El mundo reaccionaba a él como si estuviera probando una palabra nueva, una que nunca antes se había atrevido a pronunciar.
La espada dormida que llevaba en la mano no brillaba.
Ni ardía.
Ni pulsaba.
Pero el espacio a tres pasos de distancia se arqueaba ligeramente cada vez que él respiraba.
Peque?os movimientos.
Apenas visibles.
Pero reales.
—Ashy… —dijo Syra sin mirar atrás—. ?El mundo siempre hace esto?
—No —respondí, acercándome a su costado—.
Solo cuando reconoce algo que no puede ignorar.
él tragó saliva.
No de miedo.
De certidumbre.
Ese tipo de certidumbre que aparece cuando ya pasaste por lo peor y sobreviviste.
Syra avanzó unos pasos más, dejando que el viento del Crepúsculo chocara contra él como si quisiera medir su temperatura emocional.
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El valle, siempre tan silencioso, emitió un leve temblor.
Un reconocimiento.
Un saludo.
Un aviso.
—Ashy… —murmuró—. Algo se está moviendo.
—Lo sé.
—?Qué es?
Yo elevé un poco la luz alrededor de mis manos.
No como defensa.
Como advertencia.
—El mundo —dije—.
Está decidiendo cómo acercarse a ti.
Syra frunció el ce?o.
—?Eso significa… que ya saben que tengo la espada?
—No.
Significa que ya saben que te aceptó.
El temblor creció apenas, como un murmullo contenido bajo la tierra.
Syra apretó la empu?adura.
—Entonces… ?qué viene ahora?
No respondí de inmediato.
Quería ver si él ya podía sentirlo.
Y lo sintió.
Porque la luz del Crepúsculo, esa que siempre fue neutral, se inclinó hacia una dirección concreta del valle.
Un punto lejano.
Una presencia.
Una intención.
Syra levantó la cabeza.
—Ashy… algo está viniendo hacia acá.
Asentí despacio.
—Es el primero.
—?Primero de qué?
—De los que quieren saber si eres real.
Syra respiró hondo.
La espada dormida vibró, suave.
No agresiva.
No ansiosa.
Sino como quien abre los ojos por primera vez.
—?Es un enemigo? —preguntó él.
Negué.
—No todavía.
—?Entonces qué es?
Me acerqué un poco más a él.
Mi voz salió baja, casi un murmullo que solo él podía escuchar.
—Es alguien que escuchó tu despertar…
y quiere ver si debe temerte…
o respetarte.
El viento se cortó.
La luz se tensó.
El valle se estremeció una vez más.
Syra levantó la mirada hacia el punto donde la presencia avanzaba.
—Ashy…
—Sí.
—?Camino hacia él?
Sonreí apenas.
—No.
él está caminando hacia ti.
Porque en este arco, Syra…
tú ya no eres quien sigue al mundo.
El mundo es quien empieza a seguirte.
Syra dio un paso al frente.
Uno solo.
Pero suficiente para que el Crepúsculo entero reaccionara a su nueva existencia.

