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Cap 11. Ella pidió una hamburguesa, luego la vida de dos chicas

  La puerta del auto se abrió para dejar entrar a un hombre. Era de noche, y su rostro quedó oculto en sombras... pero no importaba. La mujer que lo esperaba no necesitaba verlo. Ya lo conocía. Lo tenía mapeado en la palma de la mano, y podía aplastarlo cuando quisiera.

  "Llegas tarde", dijo ella. Las sombras velaban sus facciones, pero un iris ardía dorado como una gema. El otro quedaba oculto bajo un parche, negro como un sudario abisal. "Mírate... qué vergüenza... qué patético eres llamando a tu due?a."

  Su voz no tenía urgencia.

  "Me imagino que debes traer algo importante para nosotros, ?no? No me hagas perder más tiempo, chico."

  "Sí lo tengo", respondió el hombre, entregándole un sobre grueso de papel.

  Reclinada en su asiento, con el abrigo cayéndole como una capa, lo tomó. Su piel era pálida como leche, sus u?as rojas como sangre fresca. Lo abrió, y su único ojo visible se agrandó en un anillo repentino de sorpresa.

  "Ay, por favor..."

  Empezó a acariciar la foto sujeta al archivo, trazando líneas delicadas con la yema del dedo sobre los labios.

  "Ya veo por qué la prisa." Guardó las fotos de vuelta en el sobre y lo apoyó sobre su regazo, dándole golpecitos suaves como si quisiera hundirlas más adentro. "Pero para que un hombre ocupado como tú nos convoque tan de repente... seguro hay más."

  "..."

  Se le escapó una risa suave. Se inclinó hacia su oído.

  El hombre se quedó rígido. Su aliento era frío, sin vida, más bien drenándola. El sudor le brotó en la frente mientras contenía la respiración.

  Como una presa a la que le susurra un tigre hambriento.

  "O quizá me convocaste porque me deseas. No te culpes si esa es la razón." Se rió otra vez, apartándose para dejarlo respirar. "Solo un hombre ha resistido mis encantos."

  él se acomodó las gafas rectangulares.

  "Y ese hombre... tiene una hija, milady." Su voz era precisa, quirúrgica. Le entregó un segundo sobre con una sonrisa maliciosa.

  Ella lo abrió con una u?a rojo sangre, rasgando la costura como una garra atravesando carne blanda.

  "No... no puede ser."

  Se le escapó un jadeo, rompiéndole la máscara elegante. Se inclinó hacia adelante, y su compostura se le desarmó ante lo que vio en la foto.

  El hombre la dejó devorar las imágenes una y otra vez. Por largos minutos no parpadeó, con los labios entreabiertos, carmesí. Al final separó una foto y la besó, manchando el rostro con lápiz labial.

  él se aclaró la garganta.

  "Espero un buen pago."

  Ella sonrió con compostura.

  "Lo tendrás." Con un chasquido de dedos, el fuego negro conjuró un maletín entre ambos. él lo abrió, contó los billetes y sonrió con orgullo, hasta que su cara se ensombreció.

  "Esto es menos de lo esperado." Se acomodó las gafas otra vez.

  "La mitad", respondió ella con calma. "Solo hiciste la primera parte."

  él tragó saliva.

  "Eso no fue lo acordado. Yo no hago el 'otro' trabajo."

  Su risa fue baja, siniestra. Miró al conductor del SUV negro. "Llévanos a Knight's & Fries." Luego miró al hombre. "Ver esto me dio hambre de carne." Se relamió, humedeciéndose los labios. él apartó la mirada de inmediato, tironeándose el cuello de la camisa.

  El conductor asintió y arrancó. Era un esqueleto, manejando con manos huesudas. El silencio llenó el viaje mientras la mujer miraba una sola foto, sonriendo como hechizada.

  Los nervios del hombre se tensaron. No solo le habían recortado el pago: tampoco le dieron orden de irse. El sudor le corrió por la frente. Se volvió a tirar del cuello, desesperado por aire, aunque el asiento trasero estaba fresco. No se atrevía a pedir permiso para bajar.

  Desafiarla ahora era inútil. Una palabra equivocada, un gesto equivocado, una queja... y nunca lo encontrarían.

  "?Por qué alguna vez creí que la plata valía esto...?"

  El arrepentimiento le pegó como un bate en el cráneo.

  El vaivén suave del SUV por las calles insomnes de la capital le revolvió el estómago. No por debilidad, sino por saberlo: esta gente era peligrosa. Ella era peligrosa.

  Al fin llegaron al autodrive de comida rápida. Llamas negras envolvieron al esqueleto sin mandíbula, rehaciéndolo en un caballero bien vestido con carne normal.

  Cuando un cajero adolescente con acné y frenillos se asomó por la ventana, la mujer habló... aunque los labios del conductor se movieron con los de ella, sincronizando palabra por palabra. Su voz se coló a través de él, perfecta en el ritmo, aunque la suya era la de un hombre común.

  "Un combo Warrior's Bacon, triple carne", dijo a través de él, con la mejilla apoyada con pereza en la mano, el codo en la puerta y los ojos clavados en el menú luminoso.

  El chico inhaló fuerte para no babear mientras anotaba el pedido.

  "Eh... ?qué tama?o?" preguntó, seco.

  La mujer se giró hacia su acompa?ante.

  "Grande... por favor." Su mirada lo sostuvo, obligando al conductor a repetir sus palabras.

  Grande, como el error que cometió en el instante en que los contactó.

  El SUV avanzó a paso lento, pero su corazón se negó a moverse. Sabía que estaba demasiado metido ahora, sin salida. él solo debía vender información, no lidiar con lo que venía después. No quería saber. Pero ahora escapar era imposible. Ni siquiera se atrevía a mirar el ojo dorado a su lado, filoso como una daga apretada contra su garganta.

  La bolsa llegó por la ventana. El conductor se la entregó a su ama sin un parpadeo. La ventana se cerró, el SUV avanzó, y llamas negras lavaron al conductor de vuelta a su forma esquelética.

  Como una ara?a saboreando una mosca atrapada, ella tomó la bolsa. La abrió despacio, despegando el envoltorio con la paciencia de quien pela corteza de un casta?o tierno.

  Levantó la hamburguesa: carne, carne, carne.

  Mordió como una viuda negra quebrando el cráneo dulce de una mariposa. Mascando con placer, devoró no solo la comida, sino lo último de la voluntad del hombre.

  Comió en silencio, no le ofreció nada.

  "No vas a estar solo en esta operación", dijo, apoyando las fotos sobre su regazo para seguir comiendo. "Vas a esperar nuestras instrucciones y vas a seguir cada una al pie de la letra." Bebió profundo del vaso. "Un error, y ya sabes el precio."

  él volvió a tragar, secándose la frente con la manga.

  "Sí... entendido", balbuceó.

  El SUV se detuvo. La puerta a su lado se abrió sola. Ella guardó el resto de la comida y se limpió los labios rojos con una gracia practicada.

  "Eso es todo", dijo, empujándole el maletín. "Buena suerte con la cacería."

  El hombre salió disparado como un rayo. Antes de que la puerta cerrara, alcanzó a ver una última imagen: la mujer besando la foto del segundo sobre. Sus labios formaban la palabra una y otra vez, una oración susurrada a la imagen de una chica de ojos rojos, con un llavero de lobo colgando de la mochila.

  "Hermosa... tan hermosa."

  ...

  ...

  ...

  A la ma?ana siguiente, en una tienda de regalos demasiado inocente como para conocer la palabra "peligro", una hija ayudaba a su madre.

  "Así que te pidieron que mostraras tu fuego, ?hm?" se rió suave. "Apuesto a que dejaste una gran impresión, mi chispita."

  "Uf, no me digas así..." gru?ó su hija.

  "?Te encantaban!" gritó su madre, recordando con cari?o. "?Cada A?o Nuevo me rogabas como una loca que te comprara esas bengalas!"

  "Sí... me acuerdo."

  Mintió, pero confiaba más en las palabras de su madre que en su propia memoria. Recordaba poco, y no quería. El presente importaba más.

  Cambió de tema.

  "Escuché que hablaban de una 'Unidad' o algo así."

  respondió Feralynn mientras ayudaba a su madre a envolver flores para un pedido.

  Las tijeras se quedaron quietas a mitad del corte. El corazón de su madre golpeó fuerte, tan agudo que le pinchó las yemas de los dedos.

  The narrative has been stolen; if detected on Amazon, report the infringement.

  "?Qué? No, no." La voz se le disparó, ansiosa. "?Cómo que una Unidad? Fer, no me digas que de verdad están considerando meterte en la milicia..."

  "Mamá." Feralynn la cortó, tranquila pero firme. "No es militar. Es más como... un club o algo donde mandan gente a misiones. Y no confirmaron nada. Fueron solo rumores."

  Ató el último mo?o y dejó el ramo junto a las cajas envueltas en violeta. Entonces la mano de su madre le sostuvo la mejilla.

  "Primer día y ya tus profesores andan susurrando de ti", dijo su madre, sonriendo. "De verdad eres especial, mi estrellita..."

  Feralynn tomó su mano. Estaba tibia. Cerró los ojos, dejando que su madre le acariciara el cabello negro. Por un instante, se permitió volver a tener seis a?os.

  "Mientras no te obliguen, bien... pero no quiero que te presionen solo porque ven potencial."

  Fer asintió, mirando hacia otro lado al siguiente ramo que tenía que envolver.

  "A mí nadie me obliga a nada, mamá." Siguió con las manos ocupadas ayudando en la tienda. "Aunque... las misiones no estarían tan mal", murmuró por lo bajo.

  Su madre siguió, sacando más envoltorios y cajas de papel maché.

  "?Conociste a alguien interesante? ?Alguna amiga?" preguntó mientras trabajaba.

  Fer negó con la cabeza. Juntó rosas, atándolas con lirios y velo de novia.

  "Bueno... conocí a una chica, supongo." La mirada se le fue mientras las manos mantenían el ritmo de siempre. "Algo así."

  "?Ah, sí?" Su madre sonrió. "?Y cómo es?"

  Feralynn miró el ramo terminado. Azul como sus ojos. Como su hielo. Recordó el choque de lava y nieve en esa mirada trabada.

  "...Es arrogante", dijo, fingiendo veneno.

  Darina solo negó con la cabeza, sonriendo, sin insistir. Los clientes seguían entrando y el trabajo tenía que continuar. Aun así, los ojos de Fer se quedaron en el ramo, notando no solo las flores azules, sino las rosadas entrelazadas.

  A las nueve, se sacó el delantal verde de la tienda y se cambió al uniforme. Las clases de hoy empezaban tarde; la Directora dijo que el Ministerio estaba inspeccionando el campus.

  "Después del desastre de ayer, supongo que quieren asegurarse de que no se les haya colado nada... sobre todo con esas hadas estúpidas", pensó mientras caminaba.

  En la parada del bus, unas cuadras más abajo, Annya estaba mirando las vidrieras de tiendas de accesorios. Estaba obsesionada con un par de aros con forma de frutilla.

  "Mmmmmm..."

  Feralynn ya estaba a su lado, mirando con expresión inexpresiva. Annya no se había dado cuenta; su mundo entero eran las joyas.

  "Mmm... no, ese no, feo. Mmm... esos están carísimos... ?ew, ara?as? ?Quién querría aros de ara?a?"

  Fer entrecerró los ojos, desconcertada por lo distraída que era. Podría explotar un edificio del otro lado de la calle y Annya ni se enteraría.

  "..."

  Poke.

  "?KYAH!"

  Feralynn le tocó una mejilla pecosa con el dedo, haciendo que Annya chillara como un ratón acorralado por cinco gatos. Se tambaleó hacia atrás, a punto de tropezar... hasta que Fer la atrapó del nudo de la corbata, sosteniéndola derecha.

  "Tienes los instintos de supervivencia de una oruga."

  Esa era su forma de decir buenos días. Annya se acomodó las gafas redondas, todavía sonriendo.

  "?Fer? ?Hola! Eh... ?hace cuánto estás ahí?"

  "Lo suficiente como para querer patearte." El tono de Fer era plano, pero no enojado. "Capaz debería haberlo hecho."

  Annya infló las mejillas, fingiendo ofensa, aunque la sonrisa no se le fue.

  "Eres tan mala conmigo... y yo acá pensando en comprarte algo lindo."

  Fer alzó una ceja, dudando.

  "?Algo lindo... como esos aros de frutilla?"

  "?Sí! Te quedarían adorables." Annya se iluminó como si hubiera descubierto el fuego. "Imagínalo: cara de bulldog, pero con frutillitas colgando. ?Contraste perfecto!"

  "Jamás."

  "Entonces ara?as."

  Fer la miró fijo.

  "Ahora mismo prendo fuego esa tienda."

  "?Nooo! ?Son lindas!" Annya se colgó de su brazo, como si de verdad le preocupara el destino del joyero.

  El bus frenó con un siseo. Trabajadores y gente de la ciudad se bajaron, bostezando, arrastrando los pies. Fer y Annya subieron con el resto, con el zumbido de voces alrededor.

  Se sentaron atrás. Annya se apoyó en la ventana empa?ada, dibujando un corazón con la yema del dedo.

  "?Sabías que hoy el Ministerio inspecciona las aulas?" susurró conspirativa. "El rumor dice que, durante la bienvenida de ayer, se escaparon unas hadas por los conductos de ventilación."

  Fer resopló.

  "Genial. ?Qué sigue, insecticida mágico?"

  "Más bien buscar contrabando. Si alguien trae catalizadores ilegales, o hechizos no registrados..." Los ojos de Annya se agrandaron. "Imagínate que encuentren un grimorio prohibido en el casillero de alguien."

  Fer echó la cabeza hacia atrás, mirando el techo.

  "O que descubran a una idiota de ojos rojos tirando fuego sin guantes."

  Annya la miró de reojo. Se le suavizó la voz.

  "Si alguien te dice algo... yo voy a estar ahí, ?sí?"

  Fer cruzó los brazos, incómoda con tanta ternura. Cerró los ojos y masculló:

  "No necesito guardaespaldas, chihuahua."

  Pausa. Fer se dejó llevar por el balanceo del bus.

  "?Qué clase hay hoy? No hice la tarea de Alquimia."

  Annya buscó en su agenda violeta pastel llena de perritos y gatitos. Pasó al horario.

  "No hay Alquimia, así que estás con suerte." Se?aló las celdas de colores. "Tenemos a Bernt... y... ?oh! ?Nuestra primera clase de Defensa Arcana!" Se emocionó, pero Fer solo se hundió más, manos en los bolsillos.

  "Hm."

  "Pensé que te iba a emocionar ese tipo de clase." Annya frunció el ce?o, todavía pensando en lo de ayer. "El profesor es el tipo que te estaba evaluando, ?no?"

  Fer se encogió de hombros, con los ojos cerrados.

  "?Me pasas tus apuntes de BMT? La voz de Bernt me duerme más rápido que el Nullwine."

  Tap.

  Abrió un ojo, molesta. Annya le había dado un toquecito en la cabeza con el cuaderno. Suave al tacto, pesado en juicio.

  "Si sigues desvelándote, se te va a freír el cerebro." Fingió seriedad. "No quiero una amiga zombi en la escuela."

  "Al menos no tendrías que preocuparte de que te coma el cerebro." Fer sonrió de lado. "Me muero de hambre, je."

  ?TAP!

  El cuaderno le cayó más fuerte.

  "?HEY!"

  Fer se giró, furiosa. Las mejillas de Annya estaban como sandías rojas, pecas como semillas.

  "?Hmph!" Annya miró hacia otro lado, brazos cruzados. "Por lo menos te mejoraría el humor."

  Fer se frotó la cabeza donde le pegó el cuaderno. Sabía que se había pasado.

  "Bueno, bueno... perdón..." Las palabras salieron a rega?adientes, como jugo de limón en una rodilla raspada. "Era broma. No te enojes..."

  Annya mantuvo la barbilla en alto, la mirada terca hacia un costado. Pero el orgullo se le quebró un segundo. Miró a Fer con un ojo y sonrió por la disculpa... y por la preocupación que se le notaba en las cejas a Fer, aunque la voz no la delatara.

  "Perdonada." Bajó los brazos. "Pero lo digo en serio: siempre estás cansada. Ojeras todo el tiempo. ?De verdad solo lees cómics todas las noches?"

  Fer se frotó un ojo, limpiándose el fantasma de una costra de sue?o. No iba a contarle a Annya de las pesadillas, los recuerdos... la culpa que brilla de noche al lado de su almohada. Tocaba mentir, o sea, decir una media verdad.

  "Manga. Pero sí, prefiero leer de noche cuando está tranquilo..." Bostezó, tapándose la boca con una mano. "Encontré unos muy buenos. Los compré con la mesada que mi tía me da a veces."

  "?Oh! ?Manga? ?Cuáles? Yo tengo unos de Nana e Inuyasha, pero la verdad prefiero los shows. Me gusta ver los colores."

  "Estos."

  Metió la mano en la mochila y sacó un tomo. Annya lo agarró.

  "...?Chainsaw Man?" Probó las palabras en la lengua. Lo abrió y se le dibujó una sonrisa al ver al protagonista. "Jeje, te pareces a él."

  "?Hm? ?Denji?"

  Annya levantó el libro al lado de la cara de Fer para comparar.

  "Y sí. Las dos tienen la mueca profesional."

  "Cállate." Fer gru?ó sin malicia. Igual la cara la delató: una copia perfecta del personaje que le gustaba leer. "No soy como él."

  Annya soltó una risita y siguió leyendo.

  "Ahora entiendo por qué te gusta tanto. Ew... qué asco..."

  "Es blanco y negro, genia."

  "Uf, igual." Cerró el libro, incapaz de seguir después de ver dibujos de demonios destripados. "Pensé que ibas a elegir terror o misterio."

  "Odio el misterio", dijo Fer, cerrando los ojos otra vez. "Es aburrido."

  "?Y terror?"

  "No soy una nena como tú, asustada por un libro tonto."

  Tap.

  Un tercer golpe de cuaderno... suave esta vez, juguetón. Fer intentó no sonreír y falló. Se instaló un silencio cómodo entre las dos. Annya abrió la mochila y sacó sus guantes catalizadores. Fer miró de reojo, alzando una ceja, sin entender.

  "La serpiente que hiciste ayer estaba re linda", dijo Annya, poniéndose los guantes. Las runas en los dedos se encendieron. "Practiqué un poco en mi patio cuando volvimos."

  Sacó su botella de agua, la destapó con cuidado y levantó un traguito en el aire.

  "?Annya!" Fer siseó. "?No está permitido usar magia en el transporte público!" Sus ojos fueron a los otros pasajeros.

  "Shhhh, relájate", susurró Annya. "Estamos bien atrás. Un segundo, mira..."

  Frunciendo el ce?o de concentración, infló las mejillas. Las runas de los guantes brillaron apenas, y la burbuja de agua empezó a tomar forma... primero como una banana hinchada, luego como una S mal escrita.

  Fer miró, totalmente concentrada. La velocidad con la que Annya copió el intento fallido de serpiente de fuego sí la sorprendió.

  Annya le agregó ojos... dos bultitos diminutos brotando del líquido. Mantuyó las manos firmes, peleando contra el temblor.

  Justo cuando su sonrisa empezaba a florecer, el bus pegó un salto y...

  ?SPLASH!

  La serpiente de agua perdió toda forma y explotó en sus caras. Fer se apartó mechones mojados de las mejillas y miró a su amiga, igual de empapada.

  Una mirada mortal. Annya sonrió, muerta de vergüenza, estirando muy despacio la mano hacia su mochila para usarla como escudo.

  "O-Ok, eh... tenías razón. Eh, perdón~."

  "..."

  ?PINCH! ?PINCH! ?PINCH!

  "?AY, AY... FEEEER! ?PARA!"

  Los dedos de Fer se pusieron a trabajar en el brazo de Annya. Annya protestó, riéndose por la cosquilla. Fer terminó sonriendo a pesar de la bronca. Un par de pasajeros miraron hacia atrás y encontraron a dos chicas empapadas riéndose juntas.

  ...

  ....

  ...

  ?

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