El eco de sus propios pasos sobre el mármol del pasillo acompa?ó a Adrián y Lucian mientras se alejaban de los aseos. Adrián sentía todavía el frescor del agua en la nuca, pero el frío real no venía del aire, sino de la mirada que había cruzado con el Director minutos antes. Al final del corredor, las puertas de bronce del Gran Comedor se abrieron de par en par, dejando salir un murmullo contenido que parecía el zumbido de una colmena eléctrica.
Entrar en el comedor de Dragonhall era como caminar sobre la línea que separaba dos siglos. El techo, una joya de bóvedas de crucería del siglo XVIII, se perdía en las sombras de las alturas, pero de él colgaban inmensos murales de pantallas LED ultraplanas. En ellas, en un desfile silencioso de luz azulada, se proyectaban los perfiles de los criminales más buscados del mes, sus rostros iluminando las mesas de madera de roble con una claridad espectral.
Abajo, el ambiente era radicalmente opuesto. Sobre cada mesa larga y pesada, los candelabros de plata labrada sostenían velas de cera negra cuyas llamas oscilan con cada corriente de aire. Era ese contraste lo que hacía que Dragonhall fuera único: el brillo clínico de los datos más avanzados mezclado con el olor a cera vieja y el sonido metálico de los cubiertos contra la porcelana.
Al cruzar las puertas, el estruendo golpeó a Adrián como una ola física. No era solo el ruido de los cubiertos; era el caos de cientos de voces hablando al mismo tiempo, risas estallando en las mesas del fondo, discusiones acaloradas sobre las tácticas de caza y el sonido de las bandejas chocando. Era un desastre vibrante.
Bajo los murales LED que colgaban de las bóvedas, los estudiantes se sentaban de lado, gritaban de una mesa a otra y se lanzaban miradas que en los pasillos estarían prohibidas. Los candelabros, con sus llamas bailando por el ajetreo constante, apenas daban abasto para iluminar aquel descontrol organizado.
—?Eh, Vane! ?Por aquí antes de que Marcus se coma también tu ración! —gritó Nathan, levantando un brazo por encima de la multitud que se agolpaba en los bancos de madera.
Adrián y Lucian se abrieron paso entre el gentío. A su izquierda, la mesa de las chicas era el epicentro de un torbellino de rumores. Iris reía a carcajadas por algo que acababa de decir una compa?era, mientras Selene , aunque mantenía su porte elegante, parecía relajarse bajo el amparo del ruido general.
En la mesa de las chicas, el caos del comedor parecía ser el combustible perfecto para la conversación. Iris, que no podía estar quieta ni un segundo, se inclinó hacia delante, ignorando su plato de pasta y se?alando con un movimiento sutil de cabeza hacia la mesa donde Nathan revisaba sus apuntes sin levantar la vista.
—Te lo digo en serio, Estela —susurró Iris, con esa sonrisa pícara que siempre precedía a un problema—. Me mola Nathan. Es un pasota total. Parece que no le hace ni caso a mis tonterías, pasa de mí olímpicamente... y cuanto más pasa, más me atrae. Tiene pinta de tener un buen polvo, la verdad.
Iris soltó una risita y le gui?ó un ojo a Estela, que estaba sumergida en su propia burbuja.
Estela bajó ligeramente el volumen de su lista de reproducción de anime, pero no cerró su tableta. Sus ojos verdes, gélidos y calculadores, se clavaron en su amiga de la infancia. Se conocían desde que eran ni?as, cuando so?ar con Dragonhall era solo un juego peligroso en el patio trasero de sus casas. Estela siempre había sido el ancla de Iris, la parte fría de una ecuación que siempre tendía al desastre.
—Iris... —Estela suspiró, dejando escapar una sonrisa leve, casi imperceptible—. Es que tú siempre te enamoras a primera vista y siempre acaban rompiéndote el corazón. Eso es algo que tienes que trabajar de una vez, porque ya estoy un poco cansada de ser tu hombro de lágrimas cada vez que un "pasota" decide que eres demasiado intensa para él.
Estela volvió a subir el volumen, pero su mente ya estaba procesando la información de otra manera. Mientras Iris era alocada y descuidada, Estela era la reserva pura. Su obsesión por los videojuegos de estrategia y los animes de fantasía oscura no eran solo un hobby; eran su entrenamiento. Tenía una visión atrevida de la locura; para ella, un asesino no era un monstruo, sino un código mal escrito, un jefe final de un videojuego que solo necesitaba ser analizado desde el origen para ser destruido.
Selene, que había permanecido en silencio escuchándolas, intervino con su voz de terciopelo y hielo.
—Estela tiene razón, Iris —intervino Selene dejando los cubiertos a un lado con una elegancia que contrastaba con el ruido del comedor—. Siempre te acabas enamorando del más complicado de todos. ?Es que no lo estás viendo? Nathan ha venido a esta universidad con un objetivo claro: ser uno de los mejores cazadores de la promoción. Está super centrado en todo, vive por y para los informes forenses. En todo el tiempo que llevamos aquí, todavía no le he visto tontear con nadie, ni siquiera un gesto fuera de lugar.
Selene miró de reojo hacia la mesa de los chicos, donde Nathan seguía absorto en sus papeles mientras Marcus intentaba llamar su atención sin éxito. Luego volvió a clavar sus ojos en Iris.
—Pero vamos, yo ya lo tengo claro, Iris. Conociéndote, hasta que no lo tengas no vas a parar. Y al final Estela tendrá razón: vendrás llorando porque te habrás estrellado contra un muro de hielo.
Iris soltó una carcajada vibrante que hizo que un par de estudiantes de la mesa de atrás se giraran. No le importó. Se echó hacia atrás en el banco, cruzándose de brazos con una chispa de desafío en la mirada.
—él es distinto a los demás, de verdad —contestó Iris, con una seguridad absoluta—. Hay algo en esa forma que tiene de ignorar el mundo que me encanta. Y no os preocupéis por mis lágrimas... estoy segura de que Nathan acabará cayendo ante mis encantos. Es solo cuestión de tiempo.
Iris sonrió de esa forma suya, radiante y peligrosa, antes de volver a clavar la vista en la nuca de Nathan. Estela negó con la cabeza sin levantar la vista de su tableta, aunque una peque?a sonrisa asomó por la comisura de sus labios.
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—Si termina siendo un "Game Over", no digas que no te avisamos —murmuró Estela, mientras los sintetizadores de su música de anime volvían a aislarla del caos de Dragonhall.
Adrián se dejó caer en el banco frente a Marcus, sintiendo que la calma del comedor era solo una fina capa de cristal a punto de estallar. Sus dedos aún hormigueaban por la tensión del encuentro previo, pero el hambre empezaba a reclamar su espacio.
—Vaya caras —soltó Marcus, bajando el volumen para no atraer la mirada de los vigías que patrullaban los pasillos centrales con sus escáneres encendidos—. ?Os habéis encontrado con un fantasma en el ba?o o es que habéis visto el menú de ma?ana?
Marcus removió con el tenedor una masa pegajosa que descansaba en su bandeja. Era pasta, o al menos eso ponía en el cartel holográfico del mostrador, pero el aspecto era desalentador.
—Mira esto, Adrián —susurró Marcus, levantando un bloque compacto de macarrones que se negaban a separarse—. Está tan pegajosa que, si tiro esto contra la pared de piedra, se queda pegada hasta el próximo curso. Vaya mierda de comida han hecho hoy. Ni se han esforzado.
Adrián soltó una media sonrisa, la primera en todo el día, sintiendo cómo la ironía de Marcus empezaba a disipar la oscuridad de sus pensamientos. Miró su propio plato con desconfianza, pero luego se fijó en el asiento de al lado.
—Pero mira a Lucian —a?adió Marcus, se?alando con el mentón al chico pálido que comía con una eficiencia mecánica—. El tío se ha comido ya dos platos y va camino del tercero .él no le hace ascos a nada. Podrían servirle suela de zapato con tomate y se la comería con la misma cara de póker.
Lucian levantó la vista un segundo, con una mancha de salsa en la comisura de los labios que contrastaba con su mirada afilada.
—Es combustible —respondió Lucian con su voz monótona antes de meterse otro tenedor de pasta en la boca—. En Dragonhall, si no comes, te comen. La textura es irrelevante si el aporte calórico es el adecuado.
—Ves, un romántico —ironizó Marcus poniendo los ojos en blanco—. Por cierto, Nathan, deja de mirar esos informes forenses, que te va a dar un parraque. Tienes a la mesa de las chicas a pleno rendimiento. Iris te está lanzando miradas que podrían perforar el blindaje de un tanque, y tú aquí, contando cuántas pu?aladas tiene el cadáver del caso 4.
Nathan cerró la carpeta con un chasquido seco que cortó el aire. Levantó la vista, mostrando una calma que resultaba casi irritante para el caos que los rodeaba.
—Pero si a mí no me gusta ninguna chica —sentenció Nathan, recorriendo la sala con una mirada clínica antes de volver a sus compa?eros—. Yo paso de rollos, y más aquí. Dragonhall no es un sitio para citas, es un sitio para aprender a sobrevivir cuando nos enfrentemos con los psicópatas que están fuera . Si alguna está mirando hacia aquí, mejor que se fije en uno de vosotros. Yo tengo cosas más importantes que analizar.
Marcus soltó una carcajada forzada, de esas que no llegan a los ojos. Sintió un pinchazo de envidia mezclado con alivio, pero no iba a dejar que Nathan se quedará con la última palabra.
—Vaya, perdónanos, oh gran monje del análisis —contestó Marcus de forma irónica, agitando una mano en el aire—. Lo dije en broma, ?qué piensas, que eres el centro del universo? Iris no se fijaría nunca en ti, no eres su tipo ni de lejos. Ella busca algo con más... chispa, no un libro de medicina con patas.
Marcus clavó el tenedor en su bloque de pasta pegajosa con más fuerza de la necesaria. Sabía que mentía. Sabía perfectamente que, mientras hablaba, los ojos de Iris seguían fijos en la nuca de Nathan y no en él.
Adrián observaba el intercambio en silencio. Podía sentir la tensión de Marcus, esa frecuencia vibrante de alguien que intenta ocultar un corazón roto bajo una capa de sarcasmo. Pero su atención se desvió cuando, desde la mesa de las chicas, Estela Ward levantó la vista de su tableta.
Estela no miraba a Nathan. Sus ojos verdes, analíticos y fríos, se cruzaron directamente con los de Adrián. Fue un segundo, una fracción de tiempo en la que Adrián sintió que ella no estaba viendo a un compa?ero de clase, sino que estaba escaneando un error en su sistema.
Estela cerró su tableta de golpe. El sonido seco, como un disparo en mitad del caos del comedor, hizo que Selene se tensara e Iris dejara de mirar a Nathan por un segundo. Estela no bromeaba, y su rostro palideció aún más, haciendo que sus ojos verdes resaltaran con una intensidad eléctrica.
—Iris... —murmuró Estela, bajando la voz hasta que fue apenas un susurro que solo ellas tres podían oír—. ?Te acuerdas de lo que mi abuelo me contaba sobre nuestra estirpe? Los Ward no somos solo ingenieros o analistas. Durante siglos, mi familia fue la sombra de los Guardianes de los Ecos .
Iris tragó saliva, recordando las historias de viejos libros de cuero y diagramas extra?os que decoraban la casa de Estela cuando eran ni?as.
—Pero Estela... eso era historia antigua —susurró Iris—. Hace generaciones que no nace un ECO. Dijeron que la línea se había extinguido, que por eso los linajes ahora solo entrenan a cazadores normales.
—Eso es lo que ellos creen —replicó Estela, clavando la vista en Adrián Vane, que al otro lado del salón intentaba lidiar con su plato de pasta pegajosa—. Los Ecos no nacen en cada generación. Es un fenómeno que ocurre cada x a?os, un parpadeo del destino que nadie puede predecir. Puedes nacer en un linaje sagrado y ser un humano corriente, o puedes nacer después de un siglo de silencio.
—Pero eso, ?de dónde lo has sacado? —soltó Selene ,dejando escapar una risa seca y cristalina que cortó la atmósfera mística que Estela estaba creando.
Estela la miró, parpadeando sorprendida por la reacción. Selene se colgó la mochila al hombro con una elegancia imperturbable, mirándola como quien observa a un ni?o contando una fantasía antes de dormir.
—No he oído hablar nunca de esos "guardianes" en los registros oficiales de la universidad, Estela —continuó Selene, con un tono de burla ligera—. ?Es otro de esos videojuegos que te has pasado este fin de semana? Porque suena a trama de RPG de fantasía oscura.
Iris soltó una risita nerviosa, dividida entre la lealtad a su amiga de la infancia y la lógica aplastante de Selene. Selene no le dio tiempo a Estela para replicar; le puso una mano en el hombro a Iris y la instó a levantarse.
—Anda, Iris, acompá?ame un momento a la habitación —dijo Selene, ya dando media vuelta—. Tengo que cambiarme de ropa para la clase de técnicas de defensa y no quiero llegar tarde por quedarme escuchando leyendas urbanas.
Estela se quedó sentada, sola en el banco de madera, con "cara de tonta" mientras veía cómo sus amigas se alejaban entre el gentío del comedor. Por un segundo, dudó de sí misma. ?Y si Selene tenía razón? ?Y si los diarios de su abuelo solo eran los delirios de un hombre que pasó demasiadas horas frente a pantallas de fósforo verde?
Sin embargo, al girar la cabeza y volver a ver a Adrián Vane a lo lejos, la duda se disipó. No era una sugestión. Estela sintió una vibración eléctrica en la punta de sus dedos, una punzada de energía que parecía sintonizar con la frecuencia errática de aquel chico.
Sabía que no era amor. Lo que sentía no tenía nada que ver con mariposas en el estómago o atracción adolescente. Era algo mucho más antiguo y visceral: era el hambre de un depredador que encuentra a su presa, o mejor dicho, el instinto de un Guardián que encuentra el tesoro que su estirpe juró proteger.
Ríete todo lo que quieras, Selene , pensó Estela mientras guardaba su tableta con una calma gélida. Pero ese 'videojuego' acaba de empezar en la vida real. Y yo soy la única que tiene la guía de estrategia.
Mientras tanto, en el pasillo, Selene caminaba a paso rápido con Iris, manteniendo su rostro como una máscara de porcelana. Por dentro, su mente trabajaba a mil por hora. Había logrado desactivar a Estela por el momento, pero sabía que la chica de los cascos era más inteligente de lo que aparentaba. El despertar de una Ward era lo último que necesitaba en sus planes.
?Vaya final para Estela!
Ward es una pieza que Selene no tenía en su tablero, y eso la pone en una posición muy peligrosa.
Dragonhall nada es lo que parece. Mientras Marcus se queja de la comida y Nathan analiza cadáveres, las estirpes antiguas están empezando a chocar. El 'juego' ha empezado de verdad, y en el próximo capítulo las cosas se pondrán físicas en la clase de Anatomía de Combate.
?Qué pensáis vosotros? ?Creéis que Selene podrá mantener su fachada frente a la intuición de Estela?
Urban Fantasy y el misterio de los linajes, no olvidéis darle a Follow para no perderos la acción del próximo capítulo. ?Vuestras estrellas y comentarios me ayudan muchísimo a que Dragonhall llegue a más cazadores!
Nos vemos en las sombras del pasillo gótico

