Adrian se levantó antes del amanecer. El frío de la piedra se filtraba por las paredes, obligándolo a vestirse rápido: camisa blanca, chaqueta negra de corte militar y la insignia plateada con la inicial de su apellido: Vane. En la Universidad Dragonhall no había espacio para la individualidad, salvo en la profundidad de la mirada.
Al salir del dormitorio, decidió caminar por los pasillos para memorizar las rutas hacia sus futuras clases. El edificio era un laberinto dise?ado para quebrar la voluntad, pero lo que más perturbó a Adrian no fueron las escaleras que morían en el vacío ni los corredores ciegos. Fue la gente.
Se cruzó con decenas de compa?eros de su mismo nivel. Caminaban con paso firme, hombros rectos y la vista perdida en algún punto del horizonte. Adrian buscó un rastro de humanidad, una chispa de alegría o una simple broma entre amigos, pero no encontró nada. No había risas en Dragonhall. Las miradas eran pozos de una frialdad absoluta, como si cada uno de ellos ya hubiera aceptado que sus compa?eros no eran amigos, sino posibles competidores... o víctimas.
?Sé que estamos en una academia para cazar psicópatas?, pensó Adrian, sintiendo un nudo en el estómago, ?pero esto... esto es otra cosa?. No podía aceptar que la única forma de combatir la oscuridad fuera convirtiéndose en parte de ella.
Al llegar al final de una galería flanqueada por gárgolas de piedra, Adrian no encontró a una sola persona, sino a dos.
Selene estaba apoyada contra el marco de la gran puerta de roble de la biblioteca con su habitual aire de calma peligrosa. Enrollaba un mechón de su largo cabello entre los dedos, concentrada en cómo describir el asesinato que le había pedido la profesora Dahlia; su competitividad era feroz y no iba a permitir que nadie la superara. A su lado, revisando algo en un cuaderno digital que emitía un suave zumbido azulado, estaba una chica de cabello rubio y una sonrisa que parecía un desafío constante: Iris Valmont.
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—Vaya, vaya... pero si es el "chico nuevo" —dijo Iris antes de que Selene pudiera abrir la boca. Su voz era melódica, mucho más animada que la de cualquier otro estudiante, pero con un filo bromista—. Te hemos estado observando desde el patio, Vane. Pareces un turista perdido en un museo de los hororres.
—Iris, di que lo has observado tú. A mí no me nombres, ni que él fuera el centro del universo —murmuró Selene, aunque sus ojos delataban que no le molestaba la interrupción—. Adrian, ella es Iris. Lleva aquí un mes y todavía no ha aprendido que el silencio es una virtud en Dragonhall.
—?El silencio es para los que no tienen nada que decir, querida! —Iris le gui?ó un ojo a Adrian y se acercó un paso, invadiendo su espacio personal con una confianza pícara—. Estamos aquí para empezar el proyecto del "Asesinato Teórico". La se?ora Morven no bromeaba; si no tenemos una víctima designada antes de medianoche, la codificación de nuestros cuartos no nos dejará dormir. Literalmente.
Adrian la miró, sorprendido, preguntándose qué clase de tortura sería esa codificación.
—?Tú también eres de primer curso? —preguntó él.
—Un mes de ventaja —respondió Iris soltando una risita—. Un mes de ver cómo la gente aquí se vuelve de piedra. Yo prefiero reírme; hace que el dise?o del crimen sea mucho más... divertido. ?Verdad, Selene?
Selene no respondió; simplemente miró hacia el interior de la Biblioteca de Huesos.
—Cuidado con ella, nuevo —a?adió Iris volviéndose hacia la puerta—. Es más peligrosa de lo que parece... ya veo cómo le echas el ojo, pero yo soy mucho más entretenida. Si necesitas ayuda para elegir a quién "matar" en tu cuaderno, búscame. Tengo una lista de candidatos que te encantaría...
Con un gesto picarón, Iris entró en la biblioteca seguida por Selene. Adrian se quedó solo un segundo más, procesando la energía de Iris. En un lugar donde todos parecían muertos por dentro, su picardía era casi tan aterradora como la frialdad de los demás.
Abrió su cuaderno. El cursor parpadeaba sobre el espacio en blanco. Víctima designada: ____. Gracias a Iris, ahora sabía que la presión no era solo académica; era el sistema mismo de la Universidad el que empezaba a cerrarse sobre él.

