Erik estaba a punto de comenzar a contarles sobre su vida con su familia cuando Jaia, quien había estado escuchando en silencio, levantó una mano y se?aló hacia la puerta.
—Parece que alguien vino a buscarte, Hada.
Todos giraron la cabeza hacia la entrada de la caba?a, donde una cabra estaba asomando su hocico, balando con insistencia.
—?Ah! —exclamó Hada, llevándose una mano a la frente—. Otra vez ustedes…
Se puso de pie rápidamente y caminó hacia la puerta con el ce?o fruncido.
—?No pueden venir a buscarme cada vez que tienen hambre! —rega?ó a la cabra, aunque en su voz había un deje de resignación.
La cabra simplemente volvió a balar como si no le importara, y pronto otra más apareció detrás de ella.
Jaia soltó una peque?a risa.
—Parece que ya es hora de que todos volvamos a nuestros deberes matutinos.
Las demás asintieron, dándose cuenta de que habían pasado la mitad de la ma?ana escuchando a Erik y se habían retrasado en sus actividades.
—Sí, es cierto —dijo Lera, estirando los brazos—. Todavía tengo trabajo pendiente con las telas y algunas pieles.
—Y yo debo revisar las cosechas —agregó Arlea.
—Todos tenemos cosas que hacer —dijo Becca, mirando a las demás chicas.
Suri, aunque un poco decepcionada, entendió que no podían quedarse ahí todo el día sin hacer sus deberes.
—Entonces… ?nos contarás más después? —preguntó con esperanza, mirando a Erik.
él asintió con una sonrisa.
—Por supuesto. ?Qué les parece en el almuerzo?
—?Sí! —respondió Suri animada.
Las demás también parecían estar de acuerdo. Se despidieron de Erik mientras Hada intentaba llevarse a sus cabras sin mucho éxito.
Finalmente, cuando la caba?a quedó en silencio, Erik suspiró y se recostó un momento en su cama.
Sabía que la próxima conversación sería mucho más personal, y aunque estaba dispuesto a compartir su vida en la Tierra con ellas, no podía evitar sentirse un poco nervioso.
Pero ya no estaba solo en este mundo… y tal vez, al contarles su historia, podría sentirse un poco más en casa.
Erik estaba acostado en su cama, con un brazo sobre su frente, dejando que su mente divagara en todo lo que había hablado esa ma?ana. Había tantas cosas que contar y tantas otras que aún no se atrevía a decir.
Suspiró y se incorporó un poco, apoyando los codos en el colchón. No podía quedarse sin hacer nada, si lo necesitaban para algo, prefería ayudar hasta que fuera la hora del almuerzo. Justo cuando estaba por levantarse, escuchó pasos acercándose a su caba?a.
Mika entró sin previo aviso, Erik se sorprendió al verla, pero antes de que pudiera decir algo, ella caminó con decisión hasta su cama y, sin pensarlo demasiado, se acostó a su lado, ambos se acostaron juntos, y Mika recostando la cabeza en su pecho.
—?Mika? —Erik arqueó una ceja, pero no se movió.
—Solo un rato —murmuró ella, abrazándolo con suavidad.
Erik sintió su respiración contra su piel y se relajó poco a poco. Mika nunca había sido de muchas palabras cuando se trataba de estos momentos, pero él podía sentir lo mucho que significaba para ella estar así.
—Hablaste mucho —susurró ella, sin levantar la cabeza—. ?No te cansa tanto hablar?
—Un poco —respondió Erik con una leve sonrisa—. Pero sé que quieren saber más.
Mika levantó un poco la cabeza para mirarlo y luego, con un leve rubor en las mejillas, se inclinó para besarlo. Erik no dudó en responderle, disfrutando del contacto suave de sus labios.
—Es extra?o imaginar cómo era tu mundo antes que vinieras aquí —murmuró ella cuando se separaron.
—Sí… hasta yo lo veo lejano ahora —dijo Erik con sinceridad.
Mika volvió a apoyarse contra él, cerrando los ojos por un momento.
Lo que ninguno de los dos notó fue la peque?a figura que se había detenido en la entrada de la caba?a.
Suri, como muchas veces antes, se acercó sin hacer ruido, con la idea de contarle algo a Erik o simplemente pasar el rato a su lado como solía hacer.
La ni?a asomó con cautela. Fue entonces cuando lo vio.
Erik y Mika estaban recostados sobre la cama. él tenía un brazo por detrás de la cabeza de ella, mientras sus rostros estaban tan cerca que apenas había espacio entre ellos. Los labios se encontraron con suavidad, en un beso lento y profundo, como si no existiera el tiempo.
Suri se quedó inmóvil, con los ojos muy abiertos y el corazón palpitando. No por enojo, ni por tristeza. Algo se removió dentro de ella: una mezcla de sorpresa, alivio... y ternura.
Desde que llegó Erik, había temido que algún día se marchara. Cuando aún estaba herido, pensaba que en cuanto sanara, se iría. Y cuando Mika empezó a tratarlo de forma extra?a —primero con recelo, luego con una distancia sospechosa—, su temor volvió: ?y si lo alejaban?
Pero ahora, al verlos así, tan juntos, tan conectados, entendió algo que no había logrado antes. Erik no se marcharía. No por Mika. No con ese lazo que los unía.
Su primera reacción fue llevarse las manos a la boca, sorprendida. Luego, sus labios se curvaron en una sonrisa lenta y honesta. No sabía qué hacían exactamente ni por qué los adultos se besaban tanto, pero entendía lo esencial: Erik no estaba solo. Y eso significaba que ella tampoco lo estaría.
Se apartó sin hacer ruido, mientras caminaba de regreso, entre las casas, se detuvo un momento, mirando el cielo.
—No te vayas, ?sí? —susurró al aire, como si Erik pudiera escucharla desde lejos—. Ya no tengo miedo.
Y con esa certeza nueva, Suri echó a correr, más ligera que nunca, como si el mundo entero hubiera recuperado su equilibrio.
Había muchas cosas nuevas que había aprendido hoy, pero esta era la más confusa de todas.
Mientras caminaba de regreso a la aldea, Suri recordaba con claridad la conversación que tuvo con Alisha el día en que descubrieron la herrería. En aquel momento, mientras exploraban el lugar, le había preguntado algo que Alisha mencionó ?Qué es un esposo?
En aquel momento, Suri no le había dado mucha importancia. Pero ahora, al recordar lo que acababa de ver en la caba?a de Erik, todo comenzó a tener sentido.
Mika y Erik habían estado juntos toda la tarde de ayer. Y anoche, Mika había permanecido a su lado más que ninguna otra, se preocupaba por él, lo cuidaba y lo miraba de una forma especial. Y ahora, los había encontrado abrazados en la cama, besándose con cari?o.
Una gran sonrisa se formó en su rostro.
—?Entonces Erik es el esposo de Mika! —dijo para sí misma con alegría.
No entendía del todo lo que significaba ser esposo, pero si eso era algo bueno y significaba que Erik se quedaría en la aldea y estarían juntos, entonces estaba feliz.
Con ese pensamiento en mente, apuró el paso y al llegar a la aldea, vio a Jaia sentada bajo la sombra de un árbol, haciendo sus quehaceres matutinos. Suri se acercó rápidamente y con emoción le contó lo que había visto en la caba?a de Erik.
—?Jaia! ?Erik es el esposo de Mika!
Jaia levantó una ceja, sorprendida por la emoción de la ni?a.
—?Esposo? —repitió con curiosidad— ?Por qué dices eso, peque?a?
Suri asintió con entusiasmo.
—Porque los vi juntos, estaban abrazados y besándose acostados en la cama. ?Alisha dijo que los esposos hacen eso y comparten todo!, así que debe ser su esposo, ?verdad?
Jaia guardó silencio por un momento, observando a la peque?a con una expresión pensativa. No pudo evitar esbozar una leve sonrisa ante su inocencia.
—Vaya, vaya… qué interesante —murmuró, acariciándose el mentón con una mano.
Suri no entendió su reacción, pero no le dio mucha importancia. Para ella, Erik ya era el esposo de Mika y se quedaría con ellas y eso la hacía feliz.
Jaia observó cómo Suri se alejaba corriendo hacia donde estaba Hada, lista para ayudarla con las ovejas y cabras. La ni?a seguía con esa energía inagotable, moviéndose con rapidez por la aldea.
Cuando estuvo segura de que Suri se alejo lo suficiente, se levantó despacio y caminó hacia su caba?a donde se encontraban sus hermanas, Alisha y Jerut. Como era costumbre a esa hora de la ma?ana, las dos estaban sentadas cerca de la entrada, descansando un poco antes de continuar con sus labores.
—?Qué ocurre, Jaia? —preguntó Alisha al notar su expresión pensativa.
Jaia tomó asiento junto a ellas y soltó una leve risa antes de hablar.
—Suri acaba de contarme algo bastante interesante —dijo con un tono divertido.
Jerut entrecerró los ojos con curiosidad.
—?Qué cosa?
Jaia hizo una pausa, disfrutando el momento. Luego, con una sonrisa astuta, respondió:
—Que Erik es el esposo de Mika.
Las gemelas se miraron entre sí con sorpresa.
—?De dónde sacó esa idea la ni?a? —preguntó Alisha, frunciendo el ce?o.
Jaia cruzó los brazos y recargó la espalda contra la pared de la caba?a.
—Parece que volvió a la caba?a de Erik y los encontró juntos. Según ella, Mika y él estaban recostados en la cama, abrazados y besándose —dijo con un tono divertido, viendo las reacciones de sus hermanas.
Jerut arqueó una ceja.
—Vaya, qué rápido avanzan las cosas…
Alisha suspiró, pero no parecía sorprendida.
—Supongo que era cuestión de tiempo. Mika ha estado demasiado cerca de él estos días.
—Lo interesante —continuó Jaia— es que Suri lo relacionó con lo que tú le explicaste sobre los esposos cuando estábamos en el taller, al que lo llaman herrería.
Alisha parpadeó un par de veces antes de recordar aquella conversación.
—Oh… ya veo.
—Así que ahora cree que Erik es su esposo porque pasan tiempo juntos, se preocupan el uno por el otro y, por supuesto, porque los encontró abrazados en la cama —Jaia soltó una carcajada leve—. La ni?a estaba tan feliz cuando me lo dijo.
Las tres mayores se quedaron en silencio por un momento, reflexionando sobre lo que eso significaba.
—Esto podría ser interesante —murmuró Jerut con una sonrisa intrigada—. ?Será que Mika lo considera su esposo también?
—No lo sé —respondió Alisha—. Pero si Suri lo vio de esa forma, no pasará mucho tiempo antes de que las demás también empiecen a pensar lo mismo.
Jaia asintió.
—Y lo mejor será observar cómo se desarrolla todo.
Las tres compartieron una mirada de complicidad. Sin duda, la presencia de Erik estaba trayendo cambios a la aldea… y las cosas apenas estaban comenzando.
El suave resplandor del sol matutino se filtraba por las aberturas de la caba?a, iluminando el interior con una cálida luz dorada. Erik estaba recostado en su cama, con Mika aún acomodada contra su costado. Aunque habían pasado un buen rato así, disfrutando de la cercanía y la tranquilidad, ambos sabían que no podían quedarse allí toda la ma?ana.
—Deberíamos levantarnos —murmuró Erik, deslizando suavemente su mano por la espalda de Mika.
—Mmm… unos segundos más —respondió ella con los ojos cerrados, aferrándose un poco más a él.
Erik sonrió, disfrutando de ese lado más relajado de Mika. La mayoría del tiempo ella tenía una actitud fuerte y decidida, pero cuando estaban a solas, podía permitirse ser más sincera con lo que sentía.
Sin embargo, sabían que no podían alargar ese momento por mucho más tiempo. Aunque hasta ahora creían haber mantenido su relación en secreto, la aldea no era tan grande como para que algo así pasara desapercibido por mucho tiempo.
Mika finalmente suspiró y se incorporó lentamente, sentándose en la cama y pasándose una mano por el cabello.
—Si nos ven salir juntos de aquí, van a empezar a sospechar —dijo, mirando a Erik con seriedad.
él soltó una risa baja.
—?Te preocupa que lo descubran? —preguntó Erik, observándola con curiosidad.
Mika dudó un poco antes de responder.
—No es eso… solo que… no sé cómo reaccionarían las demás.
Erik la comprendía. Desde que había llegado a la aldea, su presencia había cambiado muchas cosas, y ahora su relación con Mika era una de ellas. Si las demás se enteraban, ?Qué pensarían? ?Las mayores dirían algo al respecto? ?Las otras chicas lo aceptarían sin problemas?
Finalmente, ambos se pusieron de pie, Mika se acercó a la entrada de la caba?a y asomó la cabeza para asegurarse de que no había nadie cerca.
—Bien, parece que estamos a salvo. Saldré primero. Nos vemos más tarde, en la mesa de comida.
Se giró para irse, pero antes de hacerlo, Erik la tomó de la mu?eca y la jaló suavemente hacia él, dándole un beso rápido en los labios.
—Nos vemos en el almuerzo —dijo con una sonrisa traviesa.
Mika parpadeó sorprendida, pero luego sonrió con un leve rubor antes de salir rápidamente de la caba?a.
Erik se habia sentado en el borde de su cama, con los codos apoyados en las rodillas y la mirada perdida en el suelo de madera. Mika se había ido hace un rato a hacer sus deberes, y la caba?a se sentía extra?amente vacía ahora sin su presencia.
Exhaló profundamente. Su mente no dejaba de recordar lo que había pasado. Mika entrando sin dudar, acostándose a su lado y abrazándolo con tanta naturalidad, como si fuera lo más normal del mundo. La calidez de su cuerpo, la sensación de su respiración tranquila contra su pecho, y la manera en que sus labios se habían encontrado en un beso suave, pero profundo.
Sonrió levemente. Le había gustado, más de lo que quería admitir. No solo el beso o el contacto físico, sino la tranquilidad de compartir un momento con ella, sin preocuparse por el mundo exterior. Solo ellos dos, sin presiones, sin expectativas... solo existiendo juntos.
Se pasó una mano por el cabello y suspiró. Ahora que Mika se había ido, se sentía extra?o estar solo. Durante estos meses había estado adaptándose a la aldea, conociendo a todas las chicas, trabajando junto a ellas y aprendiendo su forma de vida. Pero ahora, con Mika, era diferente. Ya no era solo convivencia, sino algo más.
—Novios... —murmuró para sí mismo.
Era raro pensarlo, pero al mismo tiempo, se sentía natural. Mika era fuerte, decidida y, aunque a veces algo impulsiva, le gustaba esa parte de ella. Se reía con él, lo desafiaba, y ahora lo abrazaba como si siempre hubiera estado destinado a ser así.
Miró hacia la entrada de la caba?a, donde la luz del sol se filtraba entre las hojas de los árboles. Pensó en ir a ayudar a alguien en la aldea, pero ?a quién? Podría ir con Arlea a cocinar, pero recordaba que había comida de anoche. Tal vez sería mejor ir con Becca a traer agua.
Se levantó lentamente, aún con los pensamientos rondando en su cabeza. Mika era su novia, sí, pero... ?Qué pasaría con las demás? Las mayores le habían advertido que todas las chicas estaban sintiendo algo por él, y si correspondería a una, o a todas, debía hacerlo con todas por igual.
—?Cómo se supone que haga eso...? —murmuró, frustrado.
Se rascó la nuca y decidió dejar de pensar demasiado. Ya vería qué hacer cuando llegara el momento. Por ahora, tenía que salir de la caba?a y buscar algo en qué ocuparse.
Con un último suspiro, cruzó la puerta y se dirigió al rio a buscar a Becca.
El sonido del agua fluyendo y el murmullo de las hojas movidas por el viento matutino llenaban el ambiente. Erik caminaba por la orilla, observando a Becca mientras llenaba los cántaros con movimientos precisos. Ella parecía concentrada, pero había algo en su expresión, un leve aire de distracción que Erik notó de inmediato.
—Déjame ayudarte —dijo él, acercándose para tomar uno de los cántaros llenos.
Becca lo miró sorprendida, pero luego sonrió con suavidad.
—Gracias. Aún falta llenar algunos más —respondió, entregándole el cántaro.
Erik lo levantó sin problemas y lo acomodó sobre su hombro. Con el tiempo, ya estaba casi recuperado y había fortalecido su cuerpo al ayudarla, y este tipo de tareas ya no le resultaban tan pesadas como antes.
Mientras seguían trabajando en silencio, Becca no podía evitar pensar en lo que había visto al amanecer. Mika lo había besado. No en la mejilla, no en la frente… en la boca.
Su pecho se sintió extra?o, como si algo dentro de ella se apretara. No estaba molesta con Mika, al contrario, estaba feliz por ella. Mika siempre había sido valiente, directa con lo que quería, y al parecer, no había dudado en actuar cuando tuvo la oportunidad. Pero entonces, ?por qué sentía esa punzada en el pecho?
No entendía completamente ese sentimiento. Pero también una sensación de anhelo. ?Por qué no podía ella también ser parte de eso? Había pasado tanto tiempo con Erik desde que llegó, compartiendo risas, ense?ándole cosas de la aldea, e incluso momentos en los que se sentía realmente conectada con él.
Sus dedos se apretaron levemente alrededor del borde del cántaro.
—Becca, ?todo bien? —preguntó Erik, notando su silencio.
Ella parpadeó, sacudiendo la cabeza.
—Sí… solo estaba pensando en que pronto ya no tendremos que venir todos los días por agua.
Erik miró hacia el cielo. El calor aún no había llegado por completo, pero pronto la temperatura comenzaría a bajar, y con ello, el agua de los jarrones en la aldea se mantendría estable sin ser consumida tan rápido por todos.
—Sí, será un descanso para ambos —dijo con una sonrisa.
Becca asintió, aunque su mente seguía ocupada en otro pensamiento. Tal vez, si Mika había dado el primer paso, ella también podría hacerlo. Después de todo, no quería quedarse atrás.
Todas habían hablado entre ellas sobre sus sentimientos por el.
Si Erik las aceptaba a todas, no debían pelear entre ellas. Y que, si él solo escogía a una, entonces debían respetarlo y seguir adelante sin rencores.
Pero Becca no quería quedarse atrás.
Esperaba que, de alguna manera, ella también pudiera ser parte de aquello que Mika ya compartía con Erik.
Arlea caminaba descalza entre los cultivos, con su cántaro como regadera colgando de su brazo como una extensión natural de su cuerpo. El agua caía en peque?os hilos sobre la tierra oscura y húmeda. Era un trabajo algo duro, sí, pero le agradaba. Había algo en la repetición, en el cuidado silencioso, que le recordaba a Mama Ayla. Ella le ense?ó que las cosas importantes crecen con paciencia.
Al alzar la vista, lo vio: Erik venía por el sendero con un cántaro en cada brazo, y a su lado Becca, riendo por algo que él acababa de decirle. Caminaban como si lo hubieran hecho juntos toda la vida. Arlea los observó desde los cultivos, con una mezcla de admiración y ternura que le apretó el pecho.
Suspiró sin darse cuenta.
Recordó cuando Erik le sugirió instalar un sistema de riego más eficiente, con canales peque?os y cantaros elevados. Ella se había negado con una sonrisa. No fue por orgullo ni desconfianza… simplemente, le gustaba regar las plantas a mano. Era lo que había hecho siempre, como le ense?ó Ayla. Pero ahora, mirando a Erik, pensó:
—“Tal vez si aceptara su ayuda... vendría más seguido. Podríamos trabajar juntos… hablar más.”
Un calor suave le subió al rostro. Bajó la mirada y vertió agua sobre un parche de vegetales que ya estaba empapado.
—Tonta… —murmuró para sí misma.
Lo cierto era que Erik le gustaba. Mucho. Desde hacía tiempo. Pero nunca se lo había dicho. Era más observadora, más callada. No quería apresurarse, ni forzar nada. Además, ?Cómo se le decía algo así a alguien como Erik?
—“?Y si me dice que no? ?Y si se aleja?”
Pero mientras lo miraba reír con Becca, una peque?a punzada de miedo le atravesó el pecho. No miedo de perderlo... sino de nunca atreverse a intentar algo.
—“Quizás… quizás debería decírselo. Pronto. Solo… decirle que me gusta estar con él, que lo admiro. No necesito más.”
De pronto, Erik se giró como si hubiera sentido su mirada, y le sonrió desde lejos. Arlea se puso rígida, luego le devolvió la sonrisa con torpeza y volvió a mirar la tierra.
—“Sí… quizás un día de estos me atreva.”
Mientras seguía regando con el corazón latiéndole fuerte, comprendió algo: los sentimientos que había tratado de esconder no iban a desaparecer. Como las semillas bajo tierra, ya estaban creciendo dentro de ella.
Lera estaba sentada frente al telar, las manos moviéndose con una precisión casi automática, entrelazando hilos sobre la urdimbre. El sonido del telar llenaba el aire con su ritmo suave, casi hipnótico. La tela iba tomando forma, pero sus pensamientos estaban en otra parte.
Desde donde estaba, tenía vista hacia el sendero que venía del río. Alzó la vista un momento, y ahí los vio. Erik y Becca, trayendo los cántaros de agua como de costumbre. Caminaban juntos, hablando, riendo. Se notaban cómodos, como si compartieran una rutina secreta.
El corazón de Lera dio un peque?o vuelco.
Desvió la mirada de inmediato, pero su mente ya había sido arrastrada por esa imagen.
—“Otra vez con Becca…” pensó. No era una queja, ni un reproche. Era más bien… una punzada de inseguridad.
Lera sabía cosas que las demás aún solo sospechaban. Había visto a Mika y Erik juntos una vez, por accidente. No se lo había dicho a nadie. Mika era su amiga, y Lera no quería traicionarla. Pero desde entonces, había guardado silencio, observando. Analizando. Y sintiendo algo que no quería admitir: celos.
Ella también sentía algo fuerte por Erik. Le gustaban su voz, su manera de mirar cuando alguien hablaba, su torpeza al principio, su dulzura con Suri. Todo eso se le había metido bajo la piel sin que lo notara. Y ahora que sabía que Mika estaba con él, que Becca pasaba tanto tiempo a su lado… se preguntaba si aún tenía alguna oportunidad.
Tomó aire hondo y siguió con la tela, pero la trama se desvió ligeramente. Se detuvo, frustrada.
—“Las demás pensaran decírselo… Y no me extra?aría que lo hicieran pronto.”
Lera suspiró.
—?Y yo qué soy? —se preguntó en voz baja, mirando sus dedos.
Había una pregunta que rondaba su cabeza desde que los vio juntos. Una que no se atrevía a hacerle a Mika, pero que la consumía por dentro:
—“?Ella aceptaría compartir a Erik… conmigo? ?Lo permitiría? ?Lo entendería?”
Las chicas lo habían hablado, sí. Que si él alguna vez decidía estar con más de una, lo aceptarían. Pero una cosa era decirlo en voz alta, y otra muy distinta era sentirlo cuando pasara de verdad.
—“Y si me acerco… ?no arruinaré lo que ya tienen? ?No la heriré?”
Cerró los ojos por un momento. Sintió que algo le pesaba en el pecho: el deseo de hablar, de confesar, de dejar salir lo que sentía, y al mismo tiempo el miedo a herir, a ser rechazada… o a no ser suficiente.
Abrió los ojos y miró nuevamente hacia el sendero. Ya no estaban allí. Solo quedaban las marcas en la tierra húmeda, las huellas que habían dejado los cántaros al ser apoyados, el eco de una risa que ya se había apagado.
Royal Road is the home of this novel. Visit there to read the original and support the author.
—“Tal vez algún día…”, pensó. —“Tal vez si Mika me mirara a los ojos y me dijera que sí… que no le molestaría… Tal vez ese día me atrevería.”
Volvió al telar. La tela seguía esperando, y ella también. Esperando el momento justo. Esperando el valor.
Mika caminaba con paso firme por el sendero que la llevaría hasta donde Hada pastoreaba las ovejas. El aire fresco de la ma?ana aún se mantenía, aunque el calor del sol comenzaba a sentirse poco a poco. Su mente aún estaba en Erik.
La sensación de haber estado entre sus brazos, de haber sentido su calor tan cerca, la hacía sonreír sin darse cuenta. Nunca imaginó que compartiría algo así con el, y aunque lo mantenían en secreto, era algo que la hacía feliz.
Sin embargo, no esperaba encontrarse con Suri a medio camino. Venía con su paso ligero y despreocupado, pero en cuanto la vio, su rostro se iluminó con una gran sonrisa.
—?Mika! —la llamó, acercándose con emoción.
Mika notó la alegría en sus ojos y, antes de poder decir algo, Suri se puso frente a ella, mirándola con emoción contenida.
—Estoy tan feliz por ti —dijo de repente.
Mika frunció el ce?o, confundida.
—?Feliz? ?Por qué?
Suri se inclinó un poco hacia adelante, como si le estuviera confiando un gran secreto.
—Porque ahora Erik es tu esposo —susurró con alegría.
Mika sintió que el aire le faltaba por un segundo.
—?Q-qué? —balbuceó, su rostro poniéndose rojo al instante.
Suri asintió con firmeza.
—Sí, los vi juntos, estaban recostados en su cama y se abrazaban, estaban tan cerca… y además, Alisha dijo que los esposos hacen eso. Así que eso significa que ahora Erik lo es, ?verdad? —preguntó con naturalidad.
Mika sintió que el calor le subía hasta las orejas. Miró a su alrededor rápidamente, asegurándose de que nadie más estuviera escuchando, y cargo con calma a Suri para llevarla a un lado del camino, donde los árboles daban sombra.
—?No digas eso tan fuerte! —susurró Mika, tratando de calmar su corazón acelerado.
Suri parpadeó, confundida.
—?Por qué? ?No es verdad?
Mika cruzó los brazos, aún roja de la vergüenza.
—?Qué es un esposo? Al no saber el significado de esa palabra, mas le preocupaba por ser vistos por suri.
Suri abrió los ojos con sorpresa, como si la pregunta de Mika fuera la más extra?a del mundo.
—Pues… Alisha me dijo que un esposo es alguien con quien compartes tu vida, alguien especial con quien vives como tú y Erik.
Mika sintió un leve escalofrío recorrer su espalda. ?Era eso lo que ellos eran ahora?
Pero antes de que pudiera procesarlo completamente, Suri soltó algo que la dejó helada.
—Además, ya se los conté a Jaia.
El mundo de Mika pareció detenerse por un momento.
—… ?Qué? —su voz fue apenas un murmullo.
Suri, sin notar la tensión en la cara de Mika, continuó sonriendo.
—Sí, cuando llegué al centro de la aldea se lo dije. Quería compartir la felicidad con ella.
El corazón de Mika comenzó a latir con fuerza. Las mayores ya sabían.
—Suri… —Mika se llevó la mano al rostro, intentando contener la desesperación—. ?Por qué hiciste eso?
Suri la miró con cierta culpa, pero luego sonrió suavemente.
—Lo siento, Mika… No sabía que era un secreto. Pero no te preocupes, ella no estaba enojada. Solo parecía… curiosa.
Mika suspiró profundamente, masajeándose las sienes. Esto era un problema.
—Espero que no le digan a las demás… —murmuró, más para sí misma que para Suri.
—Si quieres, puedo decirle que no lo mencione —ofreció Suri con dulzura.
Mika la miró por un momento, aún sintiendo el calor en su rostro. No podía enojarse con Suri.
—Está bien, ya lo hecho, hecho está… pero por favor, no vuelvas a decirlo sin preguntarme antes.
Suri asintió con energía.
—Está bien. Pero igual estoy feliz por ustedes —dijo, y luego se alejó corriendo en dirección a donde estaba Hada.
Con un suspiro de resignación, Mika volvió a ponerse en camino. Ahora tenía otra cosa en qué pensar… y debía hablar con Erik cuanto antes. No esperaba que alguien los descubriera tan pronto.
Hada ya estando en el corral con las cabras fugitivas, bostezo y estirando los brazos mientras sacudía la pereza. Apenas había dado unos pasos cuando sintió un golpe suave en su pierna.
—?Qué…? —bajó la mirada y vio a las cabras mirándola con ojos insistentes, esperando su comida matutina. Antes de que pudiera reaccionar, la otra cabra la empujó suavemente por detrás, haciéndola trastabillar un poco.
—?Oye, tranquilas! —protestó, colocando las manos en sus caderas—. ?Ni siquiera he preparado la comida y ya me están acosando!
Pero las cabras no parecían interesadas en sus quejas. Seguían pegadas a ella, restregándose contra sus piernas como si intentaran apresurarla.
Hada suspiró, rascándose la cabeza con frustración.
—Está bien, está bien… Vamos.
Con paso tranquilo, comenzó a caminar, las dos cabras siguiéndola de cerca, casi como escoltas personales. Mientras preparaba la comida, el fresco de la ma?ana la envolvía, despejando los últimos rastros de sue?o en su cuerpo.
Pero su mente estaba lejos de la tranquilidad.
Seguía pensando en el relato de erik.
Había salido de la caba?a de Erik sintiéndose extra?a, con un nudo en el pecho que no lograba entender. Todo lo que él contó sobre su mundo… la hacía sentir inquieta.
No era miedo ni desconfianza, sino algo más profundo.
Desde que Erik llegó, ella había estado allí. Fue la primera en hablarle, en ver su confusión, en notar su extra?a forma de hablar y sus palabras desconocidas. Fue la primera en ver su valentía cuando la protegió de aquel lagarto monstruoso, arriesgando su vida sin dudarlo.
Pero ahora, cuando él habló sobre su mundo tan extra?o, ella casi no dijo nada.
—Tsk… qué tonta —murmuró, pateando una piedrita en el camino.
De todas, ella fue la que menos habló, la que menos preguntó. ?Por qué? No lo sabía. Solo sentía que dejó pasar un momento importante, como si hubiera dejado escapar algo que ahora no podía recuperar.
Las cabras la rodearon impacientes, recordándole que aún no habían comido.
—Sí, sí, ya vamos…
Comenzó a darles de comer, observando cómo se abalanzaban sobre la comida con entusiasmo.
—Ustedes sí que tienen suerte —les dijo en voz baja, apoyando los brazos en la cerca—. No tienen que pensar en cosas raras como yo.
Erik hablaba de su mundo con un tono que ella no podía describir del todo. No era solo tristeza, era algo más profundo, como si llevara consigo un vacío imposible de llenar. Y mientras todas le hacían preguntas, ella apenas habló. Apenas preguntó.
—Tsk… qué tonta —murmuró para sí misma mientras echaba un poco mas de alimento para las ovejas.
No es que no le interesara, al contrario. Pero por alguna razón, las palabras se le habían quedado atrapadas en la garganta.
Se inclinó sobre la cerca del corral, observando a sus animales comer con entusiasmo, cuando escuchó unos pasos apresurados detrás de ella.
—?Hada! —La vocecita de Suri la sacó de sus pensamientos.
Se giró y vio a la ni?a correr hacia ella con los brazos ligeramente alzados, como si estuviera a punto de soltar algo importante.
—?Qué pasa, peque?a? —preguntó Hada, arqueando una ceja.
Suri frenó en seco, mordiéndose el labio. Sus manos peque?as apretaron los bordes de su polera con nerviosismo.
—Nada… solo quería ayudar con las cabras.
Hada la miró con sospecha.
—Ajá…
Suri se acercó y comenzó a acariciar a una de las cabras mientras esta masticaba su comida con calma. Pero estaba inquieta, eso era obvio. Movía los pies de un lado a otro y evitaba la mirada de Hada.
Entonces, la pastora recordó algo.
Cada vez que Suri tenia algun secreto, su mirada cambiaba. Y ahora, estaba ahí, con esa expresión de querer decir algo pero no poder.
—?Estás bien? —preguntó Hada con curiosidad.
Suri asintió rápidamente.
—Sí… sí… solo…
Pero de repente, su expresión cambió. Parecía que estaba a punto de decir algo importante, algo que tenía guardado, algo que quemaba en su pecho.
Hada entrecerró los ojos, sintiendo que estaba a punto de descubrir algo jugoso.
—Solo… —Suri tragó saliva— ?Ah, no! ?No puedo decirlo!
Y sin previo aviso, giró sobre sus talones y salió corriendo en dirección opuesta.
—?Eh? ?Oye, espera! —Hada intentó seguirla con la mirada, pero la ni?a ya había desaparecido en la distancia y entre las caba?as.
Se quedó allí, parpadeando, mientras la cabra masticaba tranquilamente a su lado.
—Eso fue… raro.
Algo pasaba con Suri. Algo que claramente no quería decir.
Suspirando, apoyó la espalda contra la cerca y se cruzó de brazos.
—Ugh… esto me está matando de curiosidad.
La ma?ana apenas comenzaba, pero su mente ya estaba llena de preguntas.
Becca suspiró, secándose la frente con la parte superior de su brazo tras dejar los últimos recipientes de agua en su lugar. Erik la había ayudado a llevar varios de los cántaros más pesados, lo que hizo el trabajo mucho más rápido de lo usual.
—Gracias —le dijo con una sonrisa, dándole un ligero golpe amistoso en el brazo.
—No hay problema —respondió Erik, estirando un poco los hombros.
Aprovechando que aún faltaba para la hora del almuerzo, decidió que sería un buen momento para buscar a Hada. últimamente no habían hablado tanto como solían hacerlo, y después de todo, era su mejor amiga desde la infancia.
—Voy con Hada un rato, ?vienes? —le preguntó a Erik.
él negó con la cabeza.
—Nah, creo que iré con Arlea a ayudarla con la comida. Seguro necesita una mano.
Becca sonrió de lado.
—Eres muy servicial, ?lo sabías?
—Digamos que me gusta mantenerme ocupado —dijo Erik con un encogimiento de hombros.
Con eso, se despidieron, y Becca caminó hacia donde sabía que Hada solía estar a esta hora: en el corral con sus ovejas y cabras.
Cuando llegó, la encontró apoyada en la cerca, con una expresión pensativa y los brazos cruzados.
—?En qué piensas? —preguntó Becca, apoyándose a su lado.
Hada giró la cabeza, sorprendida por la repentina llegada de su amiga, pero rápidamente le sonrió.
—Oh, en nada. Bueno, en algo. Bueno… en muchas cosas.
Becca arqueó una ceja.
—?Algo que tenga que ver con Erik?
Hada soltó un bufido.
—?Cómo lo supiste?
—Porque parece que todas estamos pensando en él últimamente.
Hada suspiró y pateó una peque?a piedra con la punta del pie.
—Es que no sé, a veces siento que me estoy perdiendo de algo. Como si supieran algo que yo no.
Becca sintió su estómago encogerse.
Claro, porque efectivamente había visto algo en la caba?a de Erik. Algo que aún no había decidido si debía contarle a Hada o no.
Se mordió el labio, sin saber qué responder de inmediato.
—?Te pasa algo? —preguntó Hada, notando su silencio.
Becca desvió la mirada, insegura.
—No… bueno, sí.
Hada la miró con atención.
—?Sí o no?
Becca suspiró.
—No estoy segura de si debo decirlo.
Hada se giró completamente hacia ella, apoyando ambos codos en la cerca con una expresión curiosa.
—A ver… ahora me lo tienes que contar.
Becca dudó. Parte de ella quería decirlo, porque era su mejor amiga. Pero otra parte sentía que no era correcto contarlo.
Finalmente, exhaló con frustración.
—Solo… vi algo en la caba?a de Erik.
Los ojos de Hada se abrieron con sorpresa.
—??QUé!?
—?Shh! —Becca la hizo callar rápidamente, mirando a su alrededor.
Hada se inclinó más cerca.
—?Qué viste? ?Dímelo!
Becca tragó saliva, aún debatiéndose internamente.
—Aún no sé si debería decirlo…
Hada la miró con el ce?o fruncido.
—Oh, vamos. Ahora no me puedes dejar con la duda.
Becca miró a un lado y a otro, como si esperara que alguien apareciera de repente.
—Lo pensaré, ?sí?
Hada gru?ó de frustración.
—Eres malvada, Becca.
Becca sonrió con nerviosismo.
Pero en el fondo, aún no tenía claro qué hacer con esa información. Sin embargo, viendo la insistencia de Hada, suspiró y le dijo en voz baja:
—Está bien… te lo diré. Pero antes, tengo que confirmarlo bien.
Hada parpadeó, todavía más intrigada.
—?Confirmar qué?
Becca la miró con seriedad.
—Todavía no sé con certeza. Por eso, dame tiempo antes de decirte más.
Hada chasqueó la lengua.
—Eres cruel, Becca.
Becca soltó una peque?a risa.
Pero en el fondo, sabía que lo que había visto en la caba?a de Erik no era cualquier cosa. Y tarde o temprano, alguien más lo notaría también.
El sol estaba en lo más alto, anunciando que la hora del almuerzo se acercaba. Mika caminaba apresurada por la aldea, buscando a Erik.
Desde que Suri le confesó que Jaia ya sabía sobre lo que vio en la caba?a, no había podido pensar en otra cosa. Sabía que tarde o temprano la verdad saldría a la luz, pero no esperaba que fuera tan pronto y de esa forma.
—"Debo avisarle a Erik antes de que se entere por alguien más", pensó, sintiendo un leve nudo en el estómago.
Al llegar a la zona donde solían reunirse para comer, lo encontró. Erik estaba junto a Arlea, ayudándola a colocar la mesa para el almuerzo, asegurándose de que todo estuviera en su sitio.
Arlea, con su habitual calma, observaba cómo Erik trabajaba con naturalidad, como si llevara toda su vida en la aldea. Le agradaba que él siempre estuviera dispuesto a ayudar.
Pero entonces, algo captó la atención de Erik.
Del otro lado de la mesa, Mika había aparecido, observándolo con insistencia.
Su expresión no era la usual, y Erik notó que movía ligeramente la cabeza en su dirección, haciendo gestos sutiles con los ojos, como si quisiera llamarlo sin que los demás lo notaran.
Arlea frunció el ce?o, extra?ada.
—Mika, ?pasa algo? —preguntó, sin entender el extra?o comportamiento de su amiga.
—Eh… no, nada. —Mika sonrió nerviosa y desvió la mirada, pero siguió insistiendo con su discreta se?al hacia Erik.
Arlea la miró fijamente, cada vez más confundida. ?Por qué actuaba tan raro?
Sin embargo, Lera, que estaba colocando algunas frutas en la mesa, captó la situación al instante.
Ya lo había notado antes.
Mika y Erik se comportaban diferente cuando estaban juntos. Mika, que normalmente era firme y desconfiada, se ponía más inquieta cuando Erik estaba cerca, y ahora claramente quería hablar con él a solas.
Lera sonrió para sí misma.
No dijo nada, pero ya tenía claro lo que estaba pasando.
Sin que Arlea se diera cuenta, Mika finalmente logró que Erik le respondiera con un leve asentimiento, indicándole que iría en un momento.
Mika suspiró aliviada y se dio la vuelta para esperar a cierta distancia. Lo que tenía que decirle era importante.
Arlea se quedó mirando a Mika con el ce?o fruncido mientras esta se alejaba, claramente esperando a Erik. Algo raro estaba pasando.
—?Notaste eso? —preguntó en voz baja, dirigiéndose a Lera, quien aún organizaba las frutas en la mesa con calma.
Lera, sin levantar la vista, respondió con un simple:
—?Notar qué?
Arlea giró los ojos.
—No te hagas la desentendida. Mika estaba actuando… diferente. Como si quisiera hablar con Erik sin que nadie más lo notara.
Lera levantó una ceja, pero mantuvo su expresión neutral.
—Quizás solo quiere contarle algo.
—Sí, pero ?por qué tanta discreción? —Arlea cruzó los brazos. Algo le decía que Lera sabía más de lo que estaba diciendo.
—No sé. —Lera tomó una fruta y le dio vueltas en sus manos, pensativa. Sabía perfectamente lo que pasaba, pero aún no decidía si debía contárselo a Arlea.
Mika y Erik eran pareja, eso estaba claro para ella. Había visto la manera en la que se miraban, cómo Mika se puso inquieta cuando Erik se desmayo por el susto al ver la medalla de Suri, y sobre todo, aquella noche en la que los vio abrazarse y besarse en la boca.
Pero… ?era el momento de decirlo?
Mientras pensaba en su respuesta, Arlea la miraba con aún más sospecha.
—Me estás ocultando algo —dijo, entrecerrando los ojos.
Lera sonrió con diversión, pero no dijo nada. Aún no.
Arlea la observó fijamente unos segundos más antes de suspirar y encogerse de hombros.
—Bueno, si no me lo dices, lo descubriré tarde o temprano.
Lera solo sonrió. Oh, eso era seguro.
Mientras terminaba de acomodar los platos, Arlea pensaba en todo lo que había cambiado desde la llegada de Erik.
Desde que descubrieron que venía de otro mundo, no lo vio como algo malo, ni peligroso. Al contrario, le pareció fascinante. Si él era capaz de traer nuevos conocimientos sobre la cocina y las herramientas de su mundo, entonces ?Cuántas más cosas podría ense?arle?
Erik no solo tenía fuerza, también tenía curiosidad, paciencia y creatividad. Le gustaba observar cómo encontraba soluciones a problemas que parecían imposibles. Desde que lo conoció, había aprendido más sobre la comida, la conservación de ingredientes, incluso sobre cosas tan extra?as como los métodos de cocción, que ahora entendía que usaban en su tierra.
Y lo más importante… había descubierto que le gustaba estar con él.
Al principio, pensó que solo era admiración, pero con el tiempo se dio cuenta de que lo veía de una forma diferente. Cuando él la miraba, cuando la ayudaba con el agua en la cosecha, cuando reían juntos en la cocina… quería estar más cerca de él.
Ahora comprendía que gracias a las mayores Erik sentía algo por todas.
Lo notó en cómo las trataba, en cómo las demás lo miraban… y en cómo él respondía a ese afecto. No quería pelear con ellas, ni reclamarlo para sí misma.
Pero… si Erik aceptaba a todas, ella también quería ser parte de eso.
Solo tenía que decírselo.
Mika y Erik ya lejos de las demás, Mika estaba tensa, nerviosa… y él lo notó al instante.
—?Mika? ?Qué pasa? —preguntó Erik con el ce?o fruncido mientras se detenían.
Mika respiró hondo, lo miró a los ojos y luego desvió la vista. No sabía cómo decirlo sin sonar desesperada.
—Suri… nos vio —dijo finalmente, en voz baja.
Erik parpadeó.
—?Qué?
—Nos vio juntos… esta ma?ana.
él sintió un escalofrío recorrerle la espalda.
—?Cómo lo sabes?
Mika chasqueó la lengua y se cruzó de brazos.
—Porque me lo dijo. Se me acercó y me dijo que estaba feliz porque… porque ya eres mi esposo.
Erik sintió un nudo en el estómago.
—?Esposo?
Mika asintió con el ce?o fruncido.
Erik pasó una mano por su cara. Las cosas estaban avanzando más rápido de lo que había planeado.
—?Y las demás lo saben?
Mika dudó, apretando los labios.
—Suri dijo que solo le contó a Jaia… pero no a las demás.
Erik cerró los ojos por un momento. Si Jaia ya lo sabia no tardaría en decirles, Alisha y Jerut ya lo sabían entonces.
—Demonios… —pensó.
Mika lo miró fijamente, como si tratara de leer su mente.
—?Qué vamos a hacer?
él abrió los ojos y la miró directamente.
—?Qué quieres hacer tú?
Mika tragó saliva. Sabía lo que quería. Pero…
—No quiero que las demás lo sepan todavía —dijo, casi en un susurro—. No ahora… No sé cómo reaccionarán.
Erik la entendía. Esto no era solo sobre ellos dos. Había más personas involucradas, y no quería que Mika terminara siendo rechazada por las demás.
Se acercó a ella y le tomó las manos con suavidad.
—Mika… ?estás segura de que quieres seguir con esto?
Ella lo miró con seriedad.
—?Tú no?
Erik sonrió de lado.
—No dije eso.
Mika entrecerró los ojos, pero antes de que pudiera replicar, Erik la jaló hacia él y la abrazó.
—Lo resolveremos —susurró contra su cabello—. No importa lo que pase.
Mika cerró los ojos y se permitió disfrutar ese momento. No importaba lo que dijeran las demás. No importaba lo que pasara después.
En ese instante, solo eran ellos dos.
Mika y Erik seguían hablando en voz baja, con una mezcla de seriedad y ternura en sus palabras. La conversación los había dejado más cerca emocionalmente, aunque las dudas aún flotaban en el aire. Sin embargo, en ese momento, Erik notó algo por el rabillo del ojo.
Se giró ligeramente y su corazón dio un vuelco. Jaia venía caminando hacia ellos.
Mika se tensó de inmediato, su mano aún entrelazada con la de Erik. ?Las mayores ya lo sabían! ?Habría venido a decirles algo? ?A rega?arlos? ?A pedirles explicaciones?
Erik tragó saliva, poniéndose un poco más recto, mientras Mika apartaba la mano con disimulo, como si ese simple gesto pudiera ocultar lo evidente.
Jaia se detuvo frente a ellos, con los brazos cruzados y una leve sonrisa en los labios, esa sonrisa que solo las mayores ponían cuando sabían más de lo que decían.
—Bueno, bueno… —dijo con calma, mirándolos a ambos con sus ojos astutos—. ?No es momento de ir a comer?
Mika y Erik se miraron con disimulo. ?Eso era todo?
—S-sí —respondió Mika, algo tensa—. Ya íbamos…
Jaia los observó un momento más, su sonrisa apenas contenida. Sabía perfectamente lo que estaba pasando, y su actitud lo dejaba claro. Pero en lugar de confrontarlos, simplemente disimulaba, como si no hubiera visto nada fuera de lo común.
—Bien, pues no hagan esperar a las demás —dijo, dándose la vuelta con calma.
Cuando Jaia se alejo, Mika y Erik se quedaron en su lugar, todavía tensos, viendo cómo caminaba con calma, sonriendo como si hubiera disfrutado de la escena.
Cuando Jaia desapareció de su vista, Mika dejó escapar un largo suspiro y se dejó caer sobre un tronco caído a un lado del sendero.
—Por todos los dioses… casi me da un infarto —murmuró, cubriéndose el rostro con las manos.
Erik, aún con el cuerpo tenso, soltó una risa seca y se apoyó en un árbol cercano, pasando una mano por su cabello.
—Sí… creo que nunca había sentido tanta presión con solo estar de pie.
Mika apartó las manos de su cara y lo miró de reojo, notando cómo él también estaba tratando de calmarse. Su postura aún era rígida, con los hombros ligeramente tensos y su respiración más profunda de lo normal.
—Nos vio demasiado nerviosos —comentó, cruzándose de brazos.
—Sí, y lo disfruto —a?adió Erik, con una media sonrisa cansada.
Mika suspiró y se enderezó, girando los hombros hacia atrás para liberar la tensión. Luego, se levantó y se acercó a él, colocando una mano en su brazo.
—Tenemos que calmarnos antes de ir con las demás. Si nos ven así, lo van a notar.
Erik la miró y asintió, pero la tensión seguía en su rostro. Mika chasqueó la lengua y le dio un leve empujón en el pecho.
—?Relájate! No hemos hecho nada malo.
él parpadeó y luego soltó una risa, dejando caer los brazos a los costados.
—Tienes razón… —exhaló, sacudiendo la cabeza—. Es solo que… es raro. Es como si… ella supiera más de lo que creemos.
Mika rodó los ojos y le dio otro empujón, esta vez más juguetón.
—?Obvio que lo sabe! Suri se lo conto. Pero si nos ven tan nerviosos, las demás lo confirmarán.
Erik sonrió de lado y, en un acto espontáneo, tomó a Mika de la cintura y la atrajo hacia él.
—?Y qué sugieres? —preguntó con un tono bajo, mirándola con cierta picardía.
Mika se sonrojó levemente, pero no se apartó.
—Sugiero que respires hondo, que te sacudas esa tensión y que te prepares para actuar con normalidad —dijo, clavando su mirada en la de él.
Erik sonrió con diversión y asintió.
—Bien, bien… a ver… —cerró los ojos por un momento y tomó aire profundamente, luego lo soltó despacio. Repitió el proceso un par de veces antes de abrir los ojos nuevamente—. ?Así?
Mika lo estudió con atención y sonrió satisfecha.
—Mucho mejor.
—?Y tú? —preguntó Erik, inclinando la cabeza—. También estabas nerviosa.
Mika frunció los labios y luego se alejó un poco, estirando los brazos y girando la cabeza de un lado a otro.
—No estoy nerviosa.
Erik la miró con incredulidad.
—Ajá…
Ella bufó y le sacó la lengua, pero luego volvió a suspirar y se acercó otra vez, apoyando su cabeza contra el por un instante.
—Solo dame un momento…
Erik la rodeó con sus brazos en un abrazo corto, apoyando su barbilla sobre su hombro.
—Tómate tu tiempo.
Se quedaron así de pie unos segundos, sintiendo el calor mutuo, hasta que Mika finalmente se separó y se estiró una vez más.
—Bien, ya estoy lista —dijo con confianza, aunque su rostro aún tenía rastros de rubor.
Erik asintió y, antes de caminar, sacudió sus brazos y rodó los hombros.
—Vamos. Actuemos como si nada.
—Exacto —afirmó Mika, tomando aire una última vez antes de empezar a caminar junto a él.
A medida que avanzaban por el sendero hacia la mesa, ambos llevaban posturas relajadas y rostros tranquilos. No iban a dejar que las demás sospecharan… al menos, no todavía.
Mientras caminaban hacia la mesa, Mika y Erik intentaban mantener la calma después de su conversación, pero no estaban preparados para lo que les esperaba en el camino.
—?Ahí están! —la voz de Suri resonó antes de que apareciera corriendo y, sin dudarlo, tomó la mano de Mika y la de Erik con una gran sonrisa—. ?Estoy feliz por ustedes!
Mika y Erik se tensaron de inmediato.
—Suri… —Mika reaccionó primero, mirándola con sorpresa y preocupación—. Dijimos que no lo dirías…
—No se los estoy diciendo a las demás —replicó la ni?a, inflando las mejillas—. ?Pero no entiendo por qué no puedo hacerlo!
Erik suspiró y se agachó un poco para mirarla a los ojos.
—Porque aún no es el momento, Suri. Mika y yo queremos hablarlo con las demas cuando estemos listos.
Suri frunció el ce?o, cruzando los brazos.
—Pero si las demás lo supieran, también estarían felices.
Mika se inclinó hacia ella con suavidad.
—Lo sabemos, pero queremos decirlo nosotros mismos. ?Nos prometes que no dirás nada hasta entonces?
Suri bajó la mirada, pateando una ramita con el pie descalzo.
—No me gusta guardar secretos…
Erik le revolvió el cabello con cari?o.
—Lo sé. Pero te lo estoy pidiendo porque confío en ti.
Suri infló las mejillas de nuevo, todavía molesta, pero al mirar a Erik, su expresión se suavizó un poco.
—Está bien… —suspiró con resignación—. Lo prometo.
—Gracias, Suri —dijo Mika con una sonrisa.
—Pero no estoy contenta con esto —insistió la ni?a, apretando las manos de ambos con un ligero puchero—. ?Y cuando lo digan, yo seré la primera en celebrarlo!
Mika y Erik se miraron con ternura antes de seguir caminando con ella. Aunque Suri no estaba del todo feliz con la idea de guardar el secreto, su promesa era suficiente… por ahora.
Mientras caminaban hacia la mesa, Suri caminando junto a ellos, parecía algo inquieta. Aunque había prometido guardar el secreto, algo en su interior no dejaba de inquietarla. Erik, al notar que Suri parecía un poco melancólica y pensativa, decidió hacer algo para alegrarla y mostrarle cuánto la valoraba, no solo por ser quien le había pedido guardar el secreto, sino porque realmente la quería, la veía como una peque?a parte de su nueva familia.
De repente, Erik se agachó ligeramente, y con una sonrisa llena de ternura, levantó a Suri en sus brazos. La ni?a, sorprendida, soltó una risa encantadora, pero Erik no podía evitar mirarla con cari?o.
—?Qué haces, Erik? —preguntó Suri, mirando a Erik con ojos curiosos, mientras él la sostenía con delicadeza.
—Te cargo porque te quiero, peque?a —respondió Erik, su voz suave, pero con una calidez profunda que solo se podía escuchar en el tono con el que hablaba a los que ya consideraba su familia. —Ya eres parte de mi vida, Suri, y me haces muy feliz.
Suri, con sus ojos brillando por la sorpresa y la emoción, se abrazó a él, dejando escapar una peque?a risa de felicidad. En su corazón sabía que sus palabras no solo eran por el momento, sino que Erik realmente la consideraba alguien muy especial para él.
—?Gracias, Erik! —dijo Suri, abrazándolo con fuerza, aunque su risa era algo tímida. —Lo prometo, no les diré nada a las demás, pero es tan lindo estar en tus brazos.
Mika, que observaba la escena con una sonrisa, no pudo evitar sentirse conmovida al ver cómo Erik trataba a Suri con tanto cari?o. Era un gesto tan natural y lleno de amor que le hizo pensar que tal vez él ya las veía como una especie de familia, aunque aún no todo estuviera definido.
Cuando los tres llegaron a la mesa, todas los observaron con curiosidad. No era común verlos llegar juntos, y mucho menos a Erik cargando a Suri entre sus brazos con tanta naturalidad.
Jaia y Jerut intercambiaron una mirada cómplice, mientras que Becca frunció el ce?o con leve desconcierto. Hada, como siempre, entrecerró los ojos con una sonrisa de sospecha. Lera y Arlea también parecían intrigadas, aunque guardaban silencio.
Erik lo notó, pero no le preocupó demasiado. No había cargado a Suri porque ella se lo pidiera, sino porque sentía un cari?o especial por la ni?a. La veía como una hermana peque?a. Y, al igual que todas, Suri lo había aceptado desde el principio.
Al llegar a la mesa, la bajó con cuidado y la acomodó en su asiento antes de sentarse junto a ella. Mika tomó asiento a su otro lado, tratando de parecer natural.
—?Y a qué se debe esta gran entrada? —preguntó Hada con tono burlón, cruzándose de brazos.
—Sí, nunca te había visto cargar a alguien así —a?adió Becca, arqueando una ceja.
Suri, que normalmente sería la primera en responder, solo se encogió de hombros y comenzó a servirse la comida de anoche sin decir nada.
Erik tomó un pedazo de fruta y se encogió de hombros.
—Solo quise hacerlo.
Jaia dejó escapar una peque?a risa.
—Qué considerado de tu parte, muchacho.
—Ajá… —murmuró Hada, apoyando el codo en la mesa y mirándolo con una sonrisa de sospecha—. ?Y tú, Mika? ?No querías que te trajera así también?
Mika sintió el calor subir a sus mejillas, pero mantuvo su expresión tranquila.
—No digas tonterías —respondió con simpleza, llevándose un pedazo de carne a la boca.
Hada chasqueó la lengua.
—Qué pena. Hubiera sido divertido ver eso.
Las demás soltaron risas ligeras, pero la curiosidad seguía reflejada en sus miradas.
Suri, mientras tanto, comía tranquila, aunque en su interior aún sentía un poco de molestia por tener que guardar el secreto. Pero al ver la sonrisa de Erik mientras le revolvía el cabello con cari?o, decidió que valía la pena hacerlo.
Jerut y Jaia intercambiaron otra mirada divertida. No dijeron nada más, pero ya sabían lo que estaba ocurriendo.
Solo era cuestión de tiempo antes de que todo saliera a la luz.
Mika y Erik se miraron, intercambiando una mirada llena de complicidad, aliviados de que Suri estuviera contenta y no insistiera más sobre el secreto. Mientras las demás se preparaban para comer, el ambiente en la mesa estaba lleno de una tranquilidad que solo una peque?a familia, aunque aún desconocida, podría compartir.
La conversación en la mesa siguió su curso, con las chicas haciendo comentarios aquí y allá sobre la comida, las tareas del día y algún que otro chiste ocasional de Hada. Erik se sentía cada vez más cómodo rodeado de ellas, aunque la mirada curiosa de algunas todavía lo hacía sentirse un poco observado.
Mientras comían, Mika se mantenía tranquila, pero de vez en cuando miraba a Erik con cierta discreción. Suri, por su parte, ya había olvidado su leve molestia y ahora sonreía mientras charlaba con Becca y Arlea sobre la comida.
Pronto los platos comenzaron a vaciarse y el ambiente se tornó más relajado. Fue entonces cuando, sin previo aviso, Hada apoyó los codos sobre la mesa y soltó su comentario con su usual tono despreocupado:
—Bueno, ya que nos contaste cómo es tu mundo… ?por qué no nos cuentas sobre tu vida? ?Cómo era tu familia?
El sonido de los cubiertos cesó por un instante. Todas las miradas se posaron en Erik, esperando su respuesta.
Dejó su utensilio sobre el plato y se acomodó en su asiento. Ya había esperado que le preguntaran eso.
Mika lo miró de reojo, notando el cambio sutil en su expresión. No era tristeza exactamente, pero había una sombra de nostalgia en su mirada.
Suri, sin decir nada, simplemente apoyó su brazo en la mesa y miró a Erik con interés.
—Sí… —murmuró Lera, pensativa—. Nos contaste sobre tu mundo, pero no sobre ti.
—Queremos saber más —a?adió Arlea con suavidad.
Erik respiró hondo, pasándose una mano por el cabello.
—Supongo que debo contarles.
Pero antes de que pudiera comenzar, Jerut se levantó lentamente de su asiento.
—Entonces, será mejor que hablemos con calma después. No es bueno quedarse sentados tanto tiempo después de comer.
Jaia asintió con una sonrisa y se puso de pie también.
—Es cierto. Podemos escucharlo más tarde, cuando el sol baje un poco.
Las chicas no parecían muy contentas con la interrupción, pero sabían que las mayores tenían razón.
Erik suspiró con una leve sonrisa y miró a Hada.
—Parece que tendrás que esperar para saciar tu curiosidad.
Hada se encogió de hombros con una sonrisa burlona.
—No hay problema. No podrás escapar para siempre.
Mika soltó un leve suspiro y, sin que nadie lo notara, colocó su mano sobre la de Erik por debajo de la mesa. él le lanzó una mirada de agradecimiento antes de levantarse con el resto.
El almuerzo había terminado.
Pero la historia de Erik… aún estaba por comenzar.

