Los días pasaron y poco a poco se acercaba el momento de emprender mi viaje hacia un nuevo futuro. Ayudé a André con los últimos preparativos, aprendiendo cosas nuevas en el proceso. Eso incluía sacrificar a algunos animales para la próxima venta que se haría en la ciudad. Tuve que participar en esa grotesca actividad y tengo que decir que no fue muy de mi agrado.
Como sea, luego de todo ese calvario se empezó a organizar los productos. Envolverlos en tela y guardarlos en cajas. Tuve mis dudas sobre cómo se iban a conservar las cosas, en especial la carne. Pero aprendí que dichos alimentos se preservaban bien si se los cubría con suficiente sal, además, técnicas como el ahumado o el secado ayudaba de igual forma.
Bueno, luego de varios días de preparativos, al fin había llegado el momento. Antes de que saliera el sol, los caballos y el vehículo en el que nos íbamos a transportar estaban listos, junto a un grupo de aldeanos que presenciaban nuestra partida, y por supuesto, el anfitrión que me alojó en su humilde vivienda.
— Todo listo, muchachos. Buen viaje. — Con una ligera sonrisa en su rostro, André se despide de nosotros.
No sé cómo podría explicar estos sentimientos. Pero si tuviera que elegir una palabra para expresar este sentir, sería tristeza. Desconozco lo que me depare el futuro, pero si todo me sale bien, espero volver a verlos.
Limara y su hermano intercambiaron palabras. Pese a que estaba algo alejado de esos dos, pude oír con dificultad su corta conversación.
— Tendrás cuidado y no te distraigas en el camino. últimamente hay más bandidos en los senderos.
— Ya sé, ya sé. No te preocupes por esas cosas.
Como siempre, Darel les daba poca importancia a las cosas. Realmente no sé cómo es su manera de pensar. De todas formas, ojalá y no pase nada malo por el camino. Esa advertencia de Limara realmente me pone nervioso.
Pude escuchar el aullido del viento gélido de la ma?ana, mientras que la silueta del sol se alzaba entre las enormes monta?as de roca, ba?ando el paisaje de un anaranjado intenso.
Me subí al carro, apoyando mi pie en el respaldo de hierro y saltando adentro con un impulso.
Darel se colocó adelante, siendo el encargado de dirigir nuestro camino, agarró las riendas de los caballos.
Antes de partir André nos detiene por un momento.
— Ethan, quiero darte algo antes de que te vayas.
Extra?ado, saco la mitad de mi cuerpo del carro para atenderlo.
— ?Qué cosa?
— Ten, — Extendiendo su mano hacia mí, André me entrega unos objetos. — Espero te sirva cuando llegues.
Pude observar un total de cinco monedas plateadas. Es la primera vez que veo cómo luce el dinero que se usa en este mundo. Inmediatamente recordé que ahora debía aprender a administrarlo. No quiero repetir el mismo error que en mi vida pasada.
Pero otra duda surge en mí. ?Esta cantidad me servirá para sobrevivir unos días en lo que consigo trabajo? No sé qué precio tendrán las cosas en dicha ciudad.
Bueno, eso es algo que descubriré próximamente. Solo espero que al menos pueda costear comida en los días venideros.
— Gracias. De verdad me ayuda.
Con eso último dicho, emprendimos nuestro viaje. Mientras nos alejábamos de la aldea podía escuchar palabras de ánimo de parte de algunos vecinos, pero en especial de Limara.
?──────────────────???──────────────────?
Transcurrieron las horas. El sol se posicionaba en la parte más elevada del cielo.
Estos paisajes son espectaculares, de ensue?o. Aquellas imágenes que veía en portadas de revistas o en la televisión ahora cobran vida, y con más fuerza que nunca. En nuestro camino también nos topábamos con algunos mercaderes que iban al mismo destino que nosotros, o bien se desviaban hacia otros lugares. A veces Darel disminuía la velocidad del carro para charlar con un conocido. Más allá de presentarme frente a ellos, no intervine en demasía.
Me encuentro sentado en la parte trasera del vehículo. Mi único medio de entretenimiento fue observar los extensos valles y grandes colinas que nos rodeaban.
De mi bolsillo saqué el dinero que André me obsequió para inspeccionarlo con más detenimiento. Su tama?o es similar a la moneda de veinticinco centavos que conocía en mi anterior vida. Sorprendentemente la moneda está muy bien detallada, no tanto como las que vienen de mi mundo, pero si lo suficiente como para notar el perfil de un hombre mayor; de barba larga y cabeza calva.
?Será el presidente? O, mejor dicho, ?será el rey de este país?
También necesito averiguar en qué continente me encuentro. Diablos, tengo tantas cosas qué hacer que es desalentador pensar en todo eso.
— Tengo hambre. Paremos a comer algo.
El chico me leyó la mente.
Desviamos el carro y nos detuvimos cerca de un arroyo. Darel se encargó de darle alimento y agua a los caballos, mientras que yo descargaba los suministros.
— Oye, toma esa cubeta y recoge agua.
Quería que el viaje no durase más de lo necesario. No sé si podré soportar estar al lado de él por mucho tiempo.
Regresé del arroyo luego de varios minutos y me sorprendió ver a Darel preparando la hoguera y montando un asador improvisado. Pensaba que estaría de brazos cruzados y que no haría nada, como muchas veces suele suceder, pero esta vez no fue así.
Se encargó de lavar la carne, después sazonó el alimento con hierbas y distintas especias. Olía espectacular, incluso mejor que algunas comidas que prepara Limara. ?Quizás el chico tenga un talento oculto?
Nos sentamos sobre el pasto y comenzamos a comer. Como era de costumbre, no hubo ningún comentario por parte nuestra hasta que, luego de varios minutos de masticar en silencio, Darel me comenta algo que hizo que me atragantase por unos segundos.
— Oye, sé que hablaste con Limara sobre lo que le pasó a mi mamá.
— ?Nos escuchaste?
— Imposible no hacerlo. El único que no podría oírlos era mi viejo.
No supe qué decir en estos momentos. Yo simplemente seguí masticando mi comida, esperando que Darel se olvidase del tema al ver que no le daba una respuesta, sin embargo, no fue así.
— Ella no debe de contarle nuestras cosas a extra?os. — Continuó, frunciendo el ce?o.
— Ella solo quería consuelo. No hice nada malo. — Tragué un trozo de carne.
— No deberías meterte en asuntos ajenos.
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— Y tú deberías calmarte, ni?o. Precisamente por eso Limara me pidió que la escuchase. Ella se siente sola, ?sabes?
Sus cejas se curvaron y su semblante oscureció. El muchacho paró de comer y se mantuvo callado por un tiempo preocupante. No quería que el resto de nuestra travesía se sintiera incómoda, así que traté de disculparme de alguna manera. Le expliqué cómo se sentía su hermana por lo que le sucedió a su mamá.
Tal parece que no tenía la menor idea de que todavía estaba dolida por aquella situación, o quiso ignorarlo.
Como sea.
Manejé mis palabras lo mejor que pude. Darel solo suspiró afligido y siguió comiendo, esta vez, a un ritmo acelerado.
Como era de esperarse, terminó de comer antes que yo debido a la velocidad a la que engullía los alimentos. Darel recogió algunos recipientes con la intención de dirigirse al arroyo para limpiarlos.
Pero antes de marcharse me dijo algo que me dejó boquiabierto.
— Perdón por comportarme así. — Comenta él con la mirada perdida.
— Todo bien. Solo trata de no ser impulsivo siempre.
Increíble. ?él se estaba disculpando? Nunca pensé que fuera capaz de algo así.
Supongo que todo salió bien, dentro de lo que cabe. Parecía pensativo acerca de lo que comenté sobre Limara. Solo espero que su comportamiento hacia ella mejore.
Recogimos todo y reanudamos nuestro viaje. El sol no tardó en bajar del cielo, pintando todo de un amarillo rojizo.
?Dios! ??Cuánto falta!? — Imploré en mi alma.
A este punto estaba desesperado. Ya casi anochecía, pero no veía ni rastro de esa dichosa ciudad. Mi vida anterior pudo haber sido una mierda, pero extra?o tantas cosas, como el metro…
— Oye, ?cuándo vamos a llegar?
— Ma?ana por la noche, creo.
Cristo bendito, otro día sin hacer nada. Tan solo mirar las nubes pasar.
Después de varias horas paramos a un costado del camino para armar la tienda de campa?a. A nuestro alrededor solo había bosques y siluetas de enormes monta?as. El sol había desaparecido y el cielo estaba nublado, tan solo la luz tenue de la luna iluminaba nuestro entorno detrás de nubes grisáceas.
Repetimos la comida anterior y matamos el tiempo con charlas absurdas. Quise hacer más interesante este momento, así que, tuve el atrevimiento de mostrar mi teléfono.
Darel quedó asombrado cuando lo vio funcionar y quiso saber más de él. Preguntando cosas sobre quién lo había hecho, cuánto me costó y demás. Por supuesto, no supe responder a la mayoría de sus preguntas y en otras tuve que inventar sobre la marcha.
Le ense?é algunas fotos de mi antigua ciudad y se maravilló al ver tales imágenes. La cereza sobre el pastel; reproduje mi álbum favorito de música.
De entre todas las canciones que tenía guardada en mi dispositivo, se inclinó más hacia el género del rock and roll. Si hubiera nacido en mi mundo sin duda sería un fan empedernido. Sin mencionar que combina con su personalidad.
Le hice prometer que no le contaría a nadie acerca de lo que vio. Aunque, creo que casi nadie le creería.
Antes de dormir me aconsejó que, si no encontraba nada en la ciudad, podía vender mi teléfono. Estaba seguro de que me pagarían una fortuna por él. Quizás sea buena idea tomar su consejo si todo lo demás falla, pero espero no llegar hasta ese extremo.
?──────────────────???──────────────────?
Mientras so?aba pude oír una voz que me llamaba con energía. Luego de despertar a causa de los griteríos de Darel fue que pude divisar, a lo lejos, un enorme muro de piedra blanca que rodeaba la ciudad, junto a varias casas peque?as que circundaban en el exterior.
Nos acercamos a la entrada principal junto a otras caravanas, para luego ser inspeccionados por policías que vestían ropa oscura y armadura de metal. Me sentí raro cuando los vi vestidos de esa forma. Casi no los tomo enserio si no fuera por la típica actitud arrogante de un oficial.
Luego de pasar el registro atravesamos un arco de piedra, entrando por fin al corazón de la ciudad.
Tráfico de personas y carros que fluían por las calles apedreadas y filas de tiendas comerciales con gente conversando entre sí y discutiendo precios. Lo más extra?o de todo fue, de nuevo, ver a personas caminando con equipo de protección y espadas que colgaban de su cintura. Dicho escenario parecía haber salido de un cuento.
Darel se detuvo a un costado de la calle. Bajé del vehículo poco después, con los nervios burbujeando en la boca de mi estómago.
— Bueno, aquí nos separamos. — Comenta él, torciendo los labios.
— Sí…
Miré mi entorno con incertidumbre. Tratando de planificar mi próximo movimiento.
— Oye, si no consigues algo siempre puedes volver a mi casa. No te preocupes, si regresas de rodillas le pediré a mi papá que te deje vivir con nosotros. — Sonrió mostrando los dientes.
— Qué amable de tu parte.
Reímos por unos momentos y luego nos despedimos. Me quedé de pie, mirando como Darel se perdía en el mar de carruajes y edificios.
Tomé una gran bocanada y suspiré con fuerza. Era hora de comenzar a dar mis primeros pasos hacia el futuro que deseo tener.
Me puse en marcha.
Mientras caminaba observé a mi alrededor con entusiasmo. Admirando el paisaje urbano que esta ciudad me estaba ofreciendo. También aproveché para ojear algunos escaparates de tiendas, viendo con ansias aquellos equipos que muchas personas lucían con orgullo por las calles.
Desconozco por qué la gente las usa. Pero supongo que en un futuro lo averiguaré.
Me sacudí la cabeza. El rugido de mi estómago me hizo acuerdo de cuál era mi objetivo principal.
Desvié mis pasos hacia el Gremio de Cazadores. El día anterior conversé con Darel acerca de cómo podría encontrar trabajo en esta ciudad y me contó que la mejor forma es preguntando en dicho gremio. Quise saber más sobre dicho lugar, pero el muchacho no supo darme más información.
Como sea, eso no importa ahora.
Preguntando direcciones, pude al fin llegar a mi destino. Cerca de una fuente en la que reposa una figura tallada en piedra de un hombre con postura heroica, se encuentra el Gremio de Cazadores. Una gran edificación hecha de ladrillos y sostenida con columnas de madera.
Afortunadamente sigue abierto.
Por dentro era aún más fascinante. El sonido del murmullo de varias personas llenaba el aire, seguido de una mezcla de olores que me golpeó: madera envejecida y algo de comida quemada. Sin mencionar el tintineo de las armaduras que hacían eco en la sala. Al cruzar el umbral de la puerta fui recibido por miradas curiosas, decidí ignorarlas y seguir mi camino.
Mientras me acercaba al mostrador, los ojos de una chica risue?a me miraban en silencio.
Me aclaré la garganta.
— Buenas noches. Me dijeron que aquí podría encontrar trabajo.
— ?Perdone? — Ella ladea su cabeza.
— Sí… bueno, un amigo me dijo que aquí podría encontrar información sobre vacantes de empleo…
— ?Oh, Claro! Deme un momento.
Su figura se desvaneció entre unos estantes. Mientras esperaba su regreso, contemplé los adornos exóticos que colgaban de las paredes y de la luminosidad que brindaba un candelabro de acabados finos que colgaba del techo.
Mis ojos luego se posesionaron sobre un peque?o grupo de gente que analizaba el contenido de un tablón de anuncios. Quise acercarme también para curiosear, pero la mujer había regresado.
— Disculpe la espera. Solo disponemos de estos anuncios.
— No se preocupe. Gracias.
Me retiré a un taburete cercano para revisar la información de los documentos. Otra cosa de la que quedé sorprendido en los primeros días que estuve en el hogar de André fue que, aparte de hablar la lengua de este mundo como si siempre hubiera sido mía, también pude leer su escritura. De nuevo, bombardearme con preguntas que no podía responder solo me sofocarían. Así que, solo acepté mi nueva realidad.
Leyendo el texto de las hojas, me di cuenta de que no estaba calificado para ninguno de estos empleos. Incluso, ignoraba la existencia de varios de estos.
?Y qué carajos hace un alquimista? — Me preguntaba.
Conforme mis ojos bajaban por las palabras, mis ánimos y esperanza también lo hacían. Tuve preocupaciones al pensar que no lograría encontrar nada. Lo que pude pensar en mi cabeza fue preguntar de tienda en tienda para ver si, de esa manera, alguien se apiadaba de mí y me ofrecía trabajo.
Pero vi una luz al final del túnel. Encontré un anuncio que explicaba la necesidad de contratar a un mesero para trabajar en un restaurante. Pese a que se pedía explícitamente que el solicitante tenga la experiencia necesaria, quise ir e intentar conseguir el puesto. De ser necesario le rogaría al patrón de ese establecimiento para que me diera una oportunidad.
Volví con la recepcionista para pedir más información. Luego de compartirme la dirección del restaurante, partí de inmediato.
Un sentimiento de extra?eza me invade de repente. Mientras vagaba por las calles fui observado por alguna que otra mirada desaprobatoria. De donde vengo, mi vestimenta es de lo más común, pero aquí simplemente no encajo.
Mirando a varias personas caminando con pantalones holgados y botas altas de cuero me hizo reafirmar esta idea, a comparación de mí, alguien que usaba jeans viejos y botas industriales.
Suspiré.
Debo calmarme, ?por qué debería importarme lo que esos idiotas piensen?
Atado a una costumbre que creí haber perdido, saqué mi teléfono para checar la hora. Desconozco si el tiempo que transcurre en este mundo sea igual al que se indica en mi pantalla, pero si en tal caso es correcto y lo comparo con lo que ven mis ojos, entonces ya sería más de la media noche.
Apenas hay gente en las calles, en su lugar, más policías con armadura patrullan la zona. Afortunadamente ninguno me presta demasiada atención.
Con dolor en mis pies y ardor en mi estómago, finalmente llegué al restaurante y, como era obvio, está cerrado.
Alcancé a leer su letrero pese a la oscuridad de la zona. “La rueda rota”. Bueno, no soy quién para juzgar el nombre que uno le pone a su negocio.
Me rasqué la cabeza. Ahora tenía que encontrar un sitio en el que dormir. Pero más importante aún, necesitaba comer algo. Di media vuelta, en busca de un lugar para gastar mis primeras monedas y llenar mi barriga.
Caminé por un buen rato, pero no encontré nada. Todo estaba cerrado. Sin más opciones me devolví al restaurante. Había visto un parque cercano con bancas de piedra en el que podía descansar.
Me acerqué y, rendido, me recuesto sobre la superficie helada. Ya no recuerdo cuándo fue la última vez que dormí en la calle.
— Qué frío hace…
Con mi aliento transformado en humo cuando suspiraba, cerré mis ojos y crucé mis brazos por detrás de mi cabeza para sentirme más cómodo.
Solo toca esperar a que el siguiente día sea mejor.

