home

search

Capítulo 8: Descubriendo mis poderes en este nuevo mundo.

  Camino por senderos oscuros mientras me acompa?a una tenue oscuridad en esta solitaria noche. Yendo de puerta en puerta, despierto a personas que solicitaron nuestro servicio, teniendo cuidado de no da?ar propiedad ajena al momento de aventar las peque?as piedras que cargo en pu?o. Tengo hormigueos en mi piel y cuando suspiro mi aliento se congela en el aire. Al otro lado de la calle, mi compa?ero está pronto a terminar con su parte del trabajo. Desganado, despierto a mi último cliente tocando despacio su puerta.

  Me he sentido cansado últimamente, ya que no me ha sido fácil mantener dos empleos para que las monedas de mis bolsillos no desaparezcan por completo. Madrugar me resulta bastante problemático, ni estando anteriormente en el hogar de André me despertaba antes que todo el mundo. Tengo fuertes deseos de abandonar este trabajo, pero mi situación me lo impide. Incluso suelo escuchar voces en mi cabeza, repitiéndome a cada momento que mi esfuerzo no valdrá la pena por más que me rompa la espalda. Siempre careceré de dinero.

  Para evitar pensar de esa forma suelo desviar mi atención a alguna actividad que esté realizando, pero siento que dichas voces a veces consiguen derrotarme y poco a poco van ganando terreno dentro de mi cabeza.

  Por un milagro que no puedo explicar, desperté en un nuevo mundo luego de morir en un tiroteo y, aunque asustado al principio, supe inmediatamente que esta sería una nueva oportunidad para rehacer mi vida. No solo juré no volver a repetir mis viejos pecados, sino que, también conseguiría tener lo que en mi anterior existencia no pude; dinero. El suficiente para no tener que trabajar y hacer lo que yo quiera. Ser buena persona no es suficiente para mí.

  Lamentablemente dicho sue?o tardará bastante en cumplirse, si es que lo consigo. Pienso que fue un error hacerme esa promesa y me frustro al sentir que no he avanzado en nada desde que desperté en este lugar. Pero la culpa cae totalmente en mí al tener ilusiones tan absurdas y por querer tenerlo todo rápidamente.

  Por pensar de esa manera fue que terminé perdiendo la vida en primer lugar. Cuando recuerdo que pedí dinero prestado a una pandilla para luego gastarlo casi todo en papeles que supuestamente me volverían rico, me siento como idiota.

  Camino en nuevas tierras que seguramente ocultan grandes misterios. Fantasear con explorar este mundo cual aventurero de cuentos infantiles me levanta un poco el ánimo, pero dicha energía se desvanece cuando recuerdo que no lleno mi barriga con aire y que mis necesidades se pagan con peque?os y redondos pedazos de metal.

  Me pregunto si hay un lugar en el que ese concepto no exista. Quizás debería suicidarme y probar suerte. Quien sabe, a lo mejor aparezco en otro lugar extra?o. Uno en el que me vaya mucho mejor.

  Sacudo mi cabeza y respiro profundamente para aliviar esos pensamientos.

  — ?Al fin terminamos! — Comenta Nick, estirando su espalda. — ?Después de esto vas al restaurante?

  — Así es. — Bostezando, muevo mis hombros en círculos. — Espero que me contraten.

  Los días de prueba en La Rueda Rota han terminado y hoy se decidirá si me quedo o me voy. Dependiendo de la respuesta de mi patrón, mi vida tomará un rombo u otro. Quisiera decir que tengo el puesto asegurado, pero actualmente no estoy seguro de nada.

  — Si te van a contratar. — Continúa. — Mejor ve pensando en qué gastarás tu primer sueldo cuando te paguen. De una vez te digo que deberías comprarte un par de botas. Siempre te veo usar esos zapatos raros.

  — Son mis favoritos.

  — Si tú lo dices.

  Me vi en la necesidad de considerar estos zapatos como mis favoritos, pero Nick tiene razón. Muchas veces me cuesta dormir luego de quitarme estas botas industriales porque mis pies están hinchados y el dolor es molesto.

  Mientras caminábamos de regreso a la plaza para recoger nuestro pago, miro a distintas personas saliendo al fin de sus hogares para comenzar su día y algunos puestos en el mercado también empezaban a abrir. Al mirar al cielo puedo ver la luz del sol asomarse en los muros de la ciudad. Pese que pronto va a amanecer, el frío no cesa. ?Está iniciando la temporada de invierno acaso?

  — Por cierto, ?a dónde dijiste que querías ir?

  — ?Cómo? ?Te refieres a Arcarya? Quiero ir allí y buscar algo mejor. Es la capital y de seguro tendrá mejores trabajos que aquí. Pero si no encuentro nada, me devuelvo a casa y no me importa lo que diga mi padre. ?Estamos en guerra, por Lha’el! — Refunfu?a con énfasis. — Mi papá cree que es fácil salir y ganarse la vida así de fácil.

  Días atrás Nick preguntaba sobre mi pasado y, valiéndome de la historia inventada que conté la primera vez que me presenté en el restaurante, fingí ser de un pueblo alejado de toda civilización. Gracias a esa aparente ignorancia pueblerina es que pude recabar algo de información. Lo único que sé es que me encuentro en la segunda ciudad más grande de este reino y que posiblemente haya otra guerra con otro país, pero desconozco los motivos de ese enfrentamiento. Creo que llegué a oír algo relacionado, pero esa información me entró por un oído y salió por el otro.

  Nick y yo cobramos nuestro dinero y nos despedimos chocando las palmas. Es hora de que dirija mis pasos hacia mi otro empleo, no sin antes desviarme hasta un peque?o puesto de frutas para comprar mi desayuno.

  Mientras espero a que el restaurante abra sus puertas, me siento en la banca de un parque cercano para reponer energías y terminar mi comida. Mirando hacia cualquier dirección, muerdo mi manzana. Su carne es tan deliciosa y dulce. Al mordisquear, parte de su jugo cae por mi barbilla. La verdad no tenía idea de que esta peque?a fruta saciaría con satisfacción mi estómago. Si estuviera en mi antiguo hogar, mi primera comida del día sería una Coca-Cola y pan duro.

  A lo lejos observo una figura delgada y de melena oscura. La falda larga de su vestido oliva ondea con el viento de la ma?ana. Con pasos lentos, decido acercarme a ella cual cazador hacia su presa.

  — ?Buenos días! — Vocifero a sus espaldas.

  Sorprendida, Eleanor sobresalta y voltea hacia mí.

  — ?No hagas eso! — Se queja inflando sus cachetes ruborizados.

  — ?Hoy no abre el patrón?

  — No, me dijo que llegará tarde por un asunto personal.

  Entramos juntos, cuando sus mechones delgados rozaron mi nariz pude percibir un aroma a canela. Comenzamos a ordenar las sillas y a limpiar las mesas, aguardando la llegada del jefe. Una especie de tranquilidad nostálgica invade el lugar.

  Tenía intenciones de conversar sobre mi posible contratación con Eugine, pero al saber que tiene problemas, será mejor desistir y esperar hasta que finalice mi jornada.

  Cuando terminamos de limpiar, mi compa?era prepara dos tazas de café y me invita a sentarme a su lado mientras vemos el día a día de los ciudadanos a través de los ventanales. El entorno está tan gélido que empa?a el cristal y las nubes son tan oscuras que fingen pertenecer a otra hora del día.

  Mientras froto mis manos para calentarlas, Eleanor endulza mis oídos con su voz.

  — ?Estás emocionado?

  — ?Emocionado por qué? — Exhalando a mis palmas, escondo mis manos en mi camisa.

  — Hoy te contratan. Serás parte del grupo.

  — Eso espero. Me moriría si Eugine me niega el trabajo.

  Reposando sus labios al borde de la taza, Eleanor toma un sorbo de su café humeante.

  — Tienes razón, perdiste tu oportunidad cuando llegaste tarde ese día.

  — No me asustas más de lo que ya estoy… — Me encojo sobre mi lugar.

  — ?Era broma!

  Seguimos conversando para matar el tiempo. Con preguntas yendo y viniendo, supe que ella trabaja desde que se inauguró el lugar, hace ya seis a?os. También me contó sobre el destino del anterior mesero, haciéndose de una esposa y viajando con ella hasta su ciudad natal para asentarse. Además, supe que Eugine se negaba a admitir nuevos empleados debido a los múltiples problemas que tuvo para reemplazar al anterior. Algunos eran flojos o hacían las cosas de mala manera; otro robaba el dinero de la caja cuando nadie lo veía. Cuando el jefe se enteró de eso último, le dio una golpiza y lo entregó a los guardias.

  Por un tiempo solo eran ellos dos, pero la popularidad del restaurante fue creciendo y con ello más clientes a los que Eleanor se le dificultaba atender por su cuenta. Por eso Eugine publicó en el gremio una solicitud para encontrar otro empleado y, esta ocasión, dieron conmigo, o yo di con ellos. Bueno, es igual.

  — Hace más frío que de costumbre.

  — ?No te gusta el frío, Ethan?

  — No. Es fastidioso sentir como se me entumecen los dedos. No sé cómo algunas personas les gusta este clima.

  — Será mejor que no comentes eso cerca de Rya. — Eleanor ríe entre dientes.

  También pude averiguar sobre su situación romántica. Por supuesto, traté de que esa inocente curiosidad no se convierta en un interrogatorio y, aunque su corazón no le pertenezca a nadie, creo que voy a renunciar a la idea de conquistarla. Tardaré bastante tiempo en estar a su altura; esta mujer merece algo mejor que un bruto empobrecido. Por fortuna, mi corazón no está completamente cautivado por ella, sino, esta decisión sería más dolorosa.

  Empezamos a trabajar cuando el patrón apareció poco después. Con el tiempo siguiendo su curso como la corriente de un río, el restaurante no tardaba en llenarse de clientes. De seguro Eugine es la envidia de los demás due?os de taberna.

  Camino de un lado a otro mientras cargo distintos platillos cuyo hipnotizante aroma hace que suspire con desaliento. Debido a la tardía apertura, nuestra hora de descanso se pospuso un poco. Entre balbuceos y risas de los comensales, puedo escuchar gritos distorsionados que vienen del exterior.

  Sin ser el único cuyo escándalo comienza a llamar la atención, muchas personas se acercan a la ventana para observar lo sucedido. Algo espectacular debe de estar pasando, ya que la mayoría de la gente abandonó sus mesas y miran absortos al exterior.

  Sin poder aguantar la curiosidad, camino hacia las ventanas. Eleanor está junto a mí.

  Mi boca se abre involuntariamente al ver a un hombre discutir entre gritos e insultos con un individuo de gigantescas dimensiones. Su sola mano es igual el tama?o de mi cabeza.

  — ?Lárgate! ?Estás aquí para robar en nuestras tierras y matar a los nuestros? — Maldice mi semejante.

  — Cálmate… — Levantando sus manos, el gigante murmura. — Solo estoy de paso. Déjame tranquilo.

  ?Quién será ese sujeto? Estoy seguro que no es de aquí; su piel es pálida y su pelo trenzado es casi tan negro como el carbón. Lo único oscuro, además de su cabello, son las marcas que cubren parte de su rostro y cuello.

  — No sé por qué dejan que ese Bárbaro salvaje camine por aquí.

  Es la primera vez que escucho a Eleanor hablar de esa manera tan despectiva. Me pregunto por qué odiarían tanto a ese tipo. Mientras sacaba conclusiones en mi cabeza, no dejaba de observar la situación. La persona seguía maldiciendo mientras que la multitud asentían ante sus críticas.

  Ese sujeto tiene que tener unos huevos enormes, o es muy estúpido. No me parece sensato provocar a alguien cuyos brazos es casi igual al grosor de su torso. Aunque esté rodeado de más personas, nada podrá hacer si ese gigante cede ante sus provocaciones.

  Cuando veo a ese coloso, recuerdo por breves momentos al enano que conocí hace unos días. Al principio pensaba que solo un hombre que sufría de una discapacidad, pero ahora concluyo que existen diferentes tipos de humanos en estas tierras.

  — ?Fuera de aquí, animal! ?No sé ni porqué te dejan caminar por aquí! — Con paso al frente, el tipo bajo alza la mirada para observar los ojos del Bárbaro.

  Dentro de este edifico se repetía lo mismo que afuera; susurros despectivos hacia ese individuo, algunos apoyando al atacante y otros discrepando.

  — ?No sabes de dónde vienen?

  — ?No sabes quiénes son? — Eleanor me frunce el ce?o. — Son del norte y solo se dedican a robar aldeas cercanas y toman como esclavos a las personas que sobreviven.

  — Son parásitos, es lo que son. — Eugine habla detrás de nosotros, cruzados de brazos.

  Ahora comprendo mejor el odio de estas personas. A lo que mí respecta; no tengo nada en contra de ellos, por ahora. Pese a sus actos atroces, a mí no me han hecho algo ni a nadie que yo conozca. Además, me parece que todo esto se está saliendo de control. Desde mi lugar, resguardado detrás de paneles de vidrio, puedo ver sus fosas nasales expandidas y como aprieta los dientes.

  Si enfurece este sitio será una carnicería. Ese enorme martillo que cuelga de su cintura pronto hará volar pedazos de alguien si nadie los detiene. ?Qué carajos hacen los guardias que no llegan? En estos sí que se parecen mucho a los policías de mi ciudad.

  — ?Paren!

  Abriéndose paso entre el gentío, un sujeto de ropajes oscuros se interpone entre el gigante y el campesino.

  Extiende sus brazos, tratando de explicar y calmar la situación. A pesar del disgusto y rechazo de algunas personas, deciden escucharlo a rega?adientes. Dando a conocer que ese gigante es su amigo, muestra un documento frente a todos, pero cuyo contenido no alcanzo a ver.

  — Te dijimos que esperaras. ?Por qué te fuiste solo?

  — Solo quería caminar un rato. No hice nada malo. — Su voz podría romper el suelo. — Pero ese loco empezó a gritarme.

  — ?Qué dijiste?

  Antes de que se abalanzara contra el Bárbaro, gente cercana lo retiene con fuerza. El cazador de negro solo puede mirarlo con bochorno.

  Los guardias finalmente arribaron, deteniendo y dispersando a la multitud. Luego de un breve interrogatorio, el Bárbaro y el cazador se retiran, desapareciendo entre los edificios.

  ?──────────────────???──────────────────?

  Con el último cliente agradeciendo el servicio y despidiéndose, limpiamos y preparamos este lugar para ma?ana. Cuando completamos nuestra tarea nos sentamos en la barra, con cerveza en mano, para esperar a que el jefe termine de limpiar la cocina y poder irnos. Pero algo me dice que tardaremos más que eso.

  Love what you're reading? Discover and support the author on the platform they originally published on.

  Una figura esbelta entra al restaurante. Su armadura tintinea al ritmo de sus pasos y su cabello cobrizo brilla como la llamas al reflejo de la luz. Al vernos nos sonríe y camina hacia nosotros. Conforme su presencia se acercaba pude notar algo distinto en su persona, pero no sabría decir cuál era el cambio. ?Será un nuevo peinado? A lo mejor habrá recortado las puntas de su cabello. Conversamos un poco hasta que, luego de algunos minutos, Eugine se suma a la reunión. Al ver que teníamos una nueva integrante decide servir una jarra extra de cerveza.

  — ?En serio? ?No te pasó nada?

  — No, solo eran unos cuantos idiotas.

  Rya nos cuenta el resultado de su más reciente misión. Un grupo de bandidos casi logra asaltar una caravana mercante en la que ella estaba a cargo de escoltar. Afortunadamente pudo ahuyentar a los asaltantes luego de haberle mutilado la mano a uno de ellos. El resto del grupo simplemente escapó cuando uno de sus compa?eros fue herido de gravedad.

  — Cada vez hay más. Esto no se detiene. — Suspira Eugine.

  — Es verdad. Me pregunto si ninguno de ellos sabe hacer otra cosa que no sea robar. — Ella chasquea la lengua.

  Mientras doy mi último trago la observo en silencio. Me sentí parte de su comentario por alguna razón y, aunque lo que diga es cierto, ella no conoce la historia de esos ladrones. Aunque no justifique ese actuar, hay ocasiones en la que uno se siente tan desesperado por llevar pan a su mesa que comienza hacer lo impensable solo para sobrevivir. Yo fui un claro ejemplo. No tenía a nadie luego de que mis padres murieran y después de abandonar el orfanato estaba al borde de la mendicidad, por lo que decidí hacer lo que mejor sabía para no morir de hambre.

  Sus quejas fueron dirigidas al Rey y de su aparente incompetencia al solo mejorar su poderío militar y descuidar al reino cuando la ola de crímenes y monstruos asciende a niveles preocupantes.

  Nuestro tema de conversación cambia cuando Eugine anuncia algo importante. Frente a todos declara que soy oficialmente contratado como mesero. Se me había olvidado dicha respuesta debido a la tranquilidad del momento. Cuando escuché esas palabras me quedé pasmado en mi silla, tratando de procesar lo que acaba de decir.

  — ?Gracias a Dios! — Pienso en voz alta. — ?Gracias, de verdad! — Extiendo mi mano para estrechar la suya.

  — Te lo ganaste, hijo. — El jefe corresponde mi gesto.

  Al mismo tiempo confiesa que también recibiré el pago de esta semana, además de un delantal como uniforme. La alegría es tanta en mí que me faltarían palabras para expresar lo que siento. Al fin mi esfuerzo dio sus frutos y me agrada saber que no volveré a vivir en las calles. Entre palabras de felicitaciones de mis cercanos, iniciamos con un peque?o festejo.

  — Por cierto, Rya. ?Y ese collar que tienes ahí?

  — ?Esto? — La cazadora baja la mirada. — Me lo regaló el se?or luego de escoltarlo. ?Quieres verlo?

  Claro, era eso. Un nuevo collar. Sinceramente no lo había notado. Pero creo haber visto uno similar, pero no recuerdo en dónde. De tonalidades azuladas como el cielo despejado, la pelirroja retira el accesorio que reposa en su bello escote con un delicado movimiento, entregándoselo a su amiga. Eleanor admira la pieza con detenimiento e ilusión, yo levanto ligeramente mi cabeza por encima de su hombro para ver ese objeto. Luego de analizarlo, lo comparte con Eugine quien nada más suelta palabras concisas después de valorar la gema. Siendo mi turno, sostengo la piedra entre mi índice y pulgar. Me resulta extra?o cuando lo observo con más atención. Su color azul ha perdido fuerza a comparación de cuando Rya usaba el collar, además se siente frío y áspero cuando acaricio la superficie. ?Mis ojos me enga?aron? A simple viste parece una piedra común ba?ada en pintura.

  — Oigan, esta cosa está brillando. — Murmuro para mí mismo.

  A punto de regresar lo que no me pertenece, una calidez se empieza a sentir en mis dedos. Su anterior brillo se empieza a recuperar gradualmente, aunque no brilla tanto como hace unos momentos. Asombrado, silencio mi voz y enfoco mi vista.

  Cuando levanto la mirada el grupo ya me estaba observando con una mezcla de confusión e incertidumbre. Trago saliva, a la espera que alguien aclare lo sucedido.

  — Vaya, muchacho. Qué sorpresa.

  — Sí, a mí también me sorprendió. — A?ade Rya. — No sabía que eres un Laerim.

  — ?Un qué?

  Mi corazón comienza a latir con desespero. Aquella denominación comienza a repetirse incesantemente dentro de mi cabeza. Convencido de acabar descubriendo algo único, comienzo a escuchar en silencio. Rya explica sus palabras, dándome a entender que existen humanos capaces de controlar una energía existente en cada ser vivo de este mundo.

  — ?Entonces por eso pueden pelear con los monstruos?

  — Claro. ?Pensaste que solo somos locos que se pelean con ellos porque sí?

  — Sí. — Asiento.

  Sometido a un breve interrogatorio debido a mi sorpresivo desconocimiento acerca de esa terminología, uso mi lugar de origen como justificación. A pesar de haber pasado la prueba, mi instinto me dice que no pude convencerlos del todo con mis palabras.

  — ?Estás segura?

  — Bueno, —ella se?ala mi mano. —ese cristal brilla porque sintió el maná dentro de ti. Si te diste cuenta, no lo hizo cuando Eugine y Eleanor lo tocaron.

  La oportunidad que tanto había deseado para cambiar mi vida siempre estuvo dentro de mí. Sin embargo, ?por qué tengo este poder? Como sea, lo mejor sería ignorar esto por ahora. Perdería mi tiempo si solo me hiciera preguntas que no puedo responder.

  — ?Tan rápido quieres abandonar tu puesto? — Me pregunta el jefe con una sonrisa forzada.

  — ?No, no, no! — Sacudo mi cabeza con rapidez. — Es solo que… siento curiosidad. No sabía que podía ser un Laerim o como se le diga.

  Esto es algo único y tengo que aprovecharlo. Sería sacrilegio desperdiciar tal poder. La mujer que tengo enfrente podría ayudarme a alcanzar mi objetivo de vida.

  Observo fijamente los ojos de la pelirroja y aclaro mi garganta. Lo próximo que salga de mi boca podría cambiar mi destino. Con palabras concisas, le suplico convertirse en mi tutora. Aunque se niega al principio, continúo insistiendo.

  — ?Por favor! Ensé?ame a controlar este poder.

  — No lo sé, Ethan. — Rya mira hacia cualquier dirección. — No quiero cargar con esa responsabilidad. ?Por qué mejor no preguntas por ahí? De seguro habrá muchos que te ense?en mejor que yo.

  — De seguro ellos me cobren por ense?arme y no tengo dinero… — Susurro.

  — Puede ser, pero…

  — Si Eugine no me hubiera contratado hoy literalmente ma?ana estaría mendigado en la plaza.

  Eleanor trata de persuadirme para abandonar esa idea, aclarando que, lejos de la buena paga que pocos cazadores reciben, estaría arriesgando constantemente mi vida. Eso me importa más bien poco. No volveré a ser una rata pobre que trabaja por el salario mínimo y que tiene que contar las monedas que le sobran para sobrevivir. En mi anterior vida tan solo fui una estadística más, alguien cuyo destino fue ser un fracasado. Estoy determinado a cambiar eso.

  Si no logro convencerla entonces aprenderé solo. No tengo idea de por dónde empezar, pero algo he de hacer.

  Un silencio sepulcral gobierna sobre nosotros. Con el pasar de los minutos más me daba cuenta de mi error. Puede ser que me haya sobrepasado con este tema ya que, el ambiente alegre que teníamos se había esfumado como la niebla en el aire. A punto de emitir palabras de disculpas, Eleanor convence a su amiga de convertirse en mi tutora, aunque sigue sin estar convencida.

  Terminamos nuestra reunión y nos despedimos en la entrada del restaurante. Estando a solas con Rya, ambos comenzamos a caminar por el centro.

  — Por cierto, ?esto qué es? — Retirando el collar de mi bolsillo, extiendo mi mano para devolvérselo.

  — Es arcanita. Almacena maná en su interior.

  — ?Y por qué brilla…?

  — Porque absorbe algo de mi energía.

  Qué incómodo. Está claro que no le gustó la idea, aunque lo haga por su amiga, pude haberla molestado. Como sea, ya se le pasará. No puedo creer que de vedad estoy a punto de aprender a usar este poder. De peque?o fantaseaba con algo así muchas veces y hoy esos sue?os se hacen realidad. ?Qué podré hacer? ?Volar? ?Superfuerza? Quizás controlar los cuatro elementos. Eso es algo que averiguaré muy pronto.

  Aunque aparente seriedad e indiferencia, por dentro me revuelco de emoción.

  Un fuerte olor a estiércol me despierta de mis desvaríos. Sin darme cuenta nos detuvimos en un establo cercano a la muralla. Desde mi posición el enorme muro se ve más imponente. Personas con sombreros de paja y vestimenta andrajosa caminan de un lado a otro mientras cargan cubetas con agua o cubos de heno. Rya me deja solo por unos minutos, adentrándose en el lugar en busca de algo.

  Momentos después aparece montando un animal de pelaje gris y crin rubia.

  — Qué bonito. ?Cómo se llama?

  — Bonita. — Corrige ella con una sonrisa. — Se llama Isabela.

  Acercándome para acariciarla, noto algunas cicatrices y marcas de guerra en diferentes partes de su cuerpo. Sin duda este animal ha llegado a salir vivo de algunas cosas. Ofreciéndome su antebrazo, Rya me levanta del suelo y me ayuda a subir. Me sorprende que pueda cargarme con tanta facilidad.

  Abandonamos la ciudad luego de pasar por algunos desvíos y calles amplias. Sin idea de adónde voy, Olmir se empeque?ece a mis espaldas. El viento golpea mi rostro, erizando mi piel apenas cubierta por una camisa de tela fina.

  — Por cierto, Ethan. ?De verdad no sabías que eres un Laerim? ?No conociste a alguien así cuando saliste de tu pueblo? — Me pregunta ella sin desviar su mirada del camino.

  Praderas extensas y monta?as que tocan el cielo decoran el paisaje.

  — No, nada. ?Y por qué se supone que debería saberlo?

  Supongo que es normal que no logre entender mi desconocimiento. Desde mi perspectiva, es como si alguien ignorara la existencia de Europa o Asia. Es algo que esperas que toda persona conozca, hasta la más inculta.

  Poco después supe que dicho poder despierta en la ni?ez y se va desarrollando conforme el individuo crece. A pesar de que no es imposible que alguien ya adulto despierte esa habilidad, si es extra?o.

  Entusiasmado por lo que estoy a punto de aprender, le pregunto a mi tutora qué es lo que me ense?ará. Pero su respuesta es negativa, ya que todavía no sabe cómo proceder. Arribando en la cima de una colina, un árbol solitario nos recibe en silencio. Su tronco desgastado y sus hojas opacas caen hacia el suelo con serenidad. A lo lejos admiro la ciudad amurallada. El sol pronto alcanzará una de sus torres.

  — Bueno, ?qué tengo que hacer? — Aplaudiendo exaltado, me froto las manos cual mosca en la mierda.

  Rya se queda en silencio mientras cruza sus brazos y reflexiona con ojos cerrados. Esperando su respuesta, miro hacia todas direcciones. Una hoja aterriza sobre mi cabello desali?ado.

  — Creo que lo primero sería despertar tu poder. — Habla finalmente.

  — ?Ya no está despierto?

  — No del todo. Hay que darle un empujón y creo que sé cómo hacerlo.

  Caminando hacia Isabela, ella retira un recipiente de la alforja.

  — Toma.

  — ?Qué es?

  — Algo que te dará ese empujoncito. Pero eso sí, no tomes mucho.

  Levanto una ceja ante su contestación. No me habrá traído aquí para drogarme y dejarme tirado, ?no? Qué va, es una idea estúpida. Al recibir la cantimplora, quito la tapa e inhalo cerca de la boquilla. Un fuerte olor hace que mi nariz empiece a picar, somo si oliera pimienta.

  Qué es esta mierda… — Me quejo mentalmente.

  Miro a Rya con rostro asqueado e indeciso. Ella solo me devuelve el gesto con leve molestia.

  — Si quieres ser un cazador, tienes que hacerlo. Si no puedes entonces devuélveme eso y luego te llevo a tu casa. — Frunce el labio como si estuviera provocándome.

  Arrugo mi frente cuando escucho sus palabras. Esta cosa es mi pase a la vida que quiero tener y no dejaré que este olor desagradable me detenga. Decidido, levanto la botella por encima de mi cabeza e ingiero una buena cantidad. Rya pronto se abalanza sobre mí, quitándome la cantimplora con exasperación.

  — ??Qué te pasa!? — Levanta la voz. — ?Te dije que tomaras un poco!

  — Perdón. Me olvidé… — Intentando aclarar mi garganta, empiezo a toser.

  Como si tomase algo con gran porcentaje de alcohol mezclado con picante, mi estómago y laringe empiezan a arder. El paisaje a mi alrededor se difumina y siento como mis ojos empiezan a derretirse. El pánico se apodera de mí e intentando acercarme a Rya para pedir ayuda, caigo de rodillas al piso, incapaz de mantenerme en pie.

  Qué me pasa. — Pienso a duras penas.

  Escucho gritos distorsionados mientras mi espalda toca el suelo y mi corazón golpea tan fuerte dentro de mí como si alguien lo aplastase con un enorme martillo. Cada segundo se sentía como una condena en el infierno. Cierro mis ojos, asustado y esperando lo peor.

  — ?Oye! — Grita una voz con fuerza.

  Al despertar observo que alguien me apunta con un arma. Confundido miro hacia todas direcciones para orientarme. Como si me hubiera ba?ado con la ropa puesta, estoy completamente cubierto de sudor. Las olas golpean el muelle con furia y el sol brilla tan incandescentemente que me ciega por varios segundos.

  Trato de procesar lo que está pasando, pero la persona frente a mí se impacienta por mi actuar caótico.

  — ?Dónde está nuestro dinero? No volveré a repetirlo.

  Como si mi peor pesadilla se hiciese realidad, vuelvo al lugar donde todo terminó. Aturdido, trato de mover mi lengua para hablar.

  — E–está en… —mirando al suelo, trato de hacer memoria. — ?en el bar de Jimmy!

  Esperanzado de despertar de este mal sue?o, cierro mis ojos con fuerza hasta lagrimear, pero nada cambia.

  Rendido ante esta situación, mis manos están por encima de mi cabeza. ?Todo lo que tuve que pasar en ese otro mundo fue un sue?o? Imposible… me niego a creer que todo fue una fantasía creada por mi mente solo porque tuve miedo de enfrentar mi destino, miedo a morir.

  Mis extremidades tiemblan debido a la tensión de mis músculos. Me duele, pero no siento temor, es algo distinto…

  — ?Seguro? ?Y dónde queda? — Armando frunce el ce?o.

  — ?Por qué no lo buscas tú? — Escupo. Una gota de sudor cuelga de mi barbilla.

  Algo habla por mí. Apenas fui consciente de la estúpida respuesta que salió de mi boca. Asustado, intento calmar la situación. Pero es demasiado tarde. Con falsas disculpas, Armando prepara el arma y coloca su mano en el gatillo. Puedo escuchar los latidos de mi corazón en mis oídos. Está cerca.

  — Perdón, pero tú te lo buscaste.

  Desesperado, levanto la mirada por encima de sus cabezas, fingiendo ver a alguien. Retiro mi revólver con un rápido movimiento cuando mis asesinos voltean. Sin corregir mi puntería, presiono el disparador varias veces. La bala no sale.

  Fracaso otra vez. Sin tiempo para pensar sobre mis opciones, empiezo a correr con todas mis fuerzas en dirección contraria. Sin la oportunidad de llegar lejos, una bala impacta cerca de mis costillas; entrando en mi espalda y saliendo por un costado. Ruedo un par de veces por los tablones pútridos.

  Aterrorizado me arrastro por el suelo. Lágrimas caen por mi rostro mientras aprieto mi mandíbula, soportando el dolor. Detrás de mí escucho como mis asesinos se acercan rápidamente.

  — ?Maldita rata! — Maldice Armando.

  Patean mi cráneo y espalda. Me cubro el rostro a duras penas mientras grito súplicas. Ignorando mis lamentos, ellos continúan con su ataque. Pronto desenfundan nuevamente sus armas, comenzando a dispararme a quemarropa.

  Desgarro mi garganta mientras imploro que se detengan. Entre sollozos y gemidos, Armando se acerca a mí.

  Sin darme cuenta nos habíamos quedados solos.

  — Esto es por tu culpa. Por tu estupidez. ?Cómo se te ocurre prestarnos dinero para gastarlo todo en billetes de lotería? ?Eres imbécil! — Enfatiza mientras patea mi cara. — ?Imbécil! ?Imbécil! ?Imbécil! — Ríe.

  Un charco de agua roja crece debajo de mí. Me falta el aire y siento mi carne desgarrada. Por más que Armando seguía atacándome, no podía morir. Deseoso de que este tormento acabe, le ruego a Dios y al Diablo que detengan todo esto.

  El horror de mi alma se desvanece como la niebla al amanecer. Dentro de mí comenzaba a emerger algo más caótico.

  — ?Eres una mierda! ?La puta de tu madre tiene que estar revolcándose en su tumba por tener un hijo tan imbécil y fracasado!

  Con el esfuerzo de mil demonios, intento reincorporarme y sostenerme sobre mis rodillas. La poca sangre que tengo en mis entra?as hierve con furia. Manteniendo mi equilibrio y embriagado de ira, agarro la garganta de Armando y lo someto en el piso.

  — ??Cállate!!

  Casi rozando la punta de mis dedos mientras lo estrangulo, cierro mi mano derecha tan fuerte que mis u?an cortan mi piel.

  — ??No eres mejor yo!! — Rujo.

  A punto de destruir su cara con mi pu?o, algo me golpea en la sien, aturdiéndome. Instantes después soy apartado por un empujón que me manda a volar por los aires. Revolcándome en el suelo, miro a Rya delante de mí mientras me observa con rabia. Apretando los dientes, ella cubre su cuello enrojecido con sus manos.

  — ?Maldito maniático! — Grita ella.

  Boquiabierto miro hacia su dirección. Isabela rechina con fuerza, tirando de la soga que la ata al tronco del viejo árbol. La mujer frente a mí escupe sangre y masajea su piel para aliviar su dolor.

  Pese a querer acercarme para ofrecer ayuda, soy rechazado bajo amenazas de muerte.

  Paciente a que las cosas se calmen, dejo caer mi trasero y recuesto mi cabeza sobre el césped. El sol se había ocultado hace no sé cuánto tiempo, solamente puedo observar el último rastro de su luz en el horizonte.

  Estrellas brillan incandescentemente en el firmamento. Aliviado de que todo terminara, me siento sobre mi lugar después de varios minutos. Rya se encontraba de pie sobre la hierba mientras bebe algo con calma. Pese a la oscuridad de nuestro entorno puedo darme cuenta de que la marca de mis manos en su cuello había desaparecido, al menos lo suficiente.

  — Oye… disculpa por lo de antes.

  — Está bien. Igualmente yo tengo la culpa por darte eso.

  Exigiendo explicaciones, ella aclara que dicho brebaje que ingerí se usa para aumentar nuestro poder a costa de mermar nuestra cordura. Era necesario un shock emocional para despertar mis habilidades, no obstante, perdí el control.

  — No sabía que te enojabas tan fácil.

  — ?Y esa pócima berserker apenas te hace algo?

  — Sí, pero esta se hizo especialmente para mí. — Indica. — Igual te recomendaría que tomes la menos potente, o de plano no lo hagas.

  Reviví un viejo trauma y no conforme con eso casi mato a esta mujer. ?Si quiera sirvió de algo? No me siento diferente luego de esto. ?Qué clase de poder se supone que tengo?

  — Dime, Ethan. ?Qué sentiste en esa alucinación?

  — Enojo, miedo. Un poco de todo.

  — No me refiero a eso. Me refiero a algo más… —menea sus manos en el aire. —trascendental. ?Sentiste algo que nunca habías sentido?

  No me agrada recordar esa pesadilla, pero si quiere respuestas entonces debo hacerlo. De todos modos, no tengo más opción.

  Suspirando, miro al cielo. El mar de estrellas que apenas veía en mi ciudad aquí no existe. Aguantando la respiración, intento no sucumbir al enojo debido a la reciente humillación de Armando. No, estoy mintiendo. Lo que más me enfurece es que lo que me habló no fue mi asesino y antiguo amigo, sino mi subconsciente.

  — A ver… — Cierro los ojos para concentrarme. — Creo que llegué a ser consciente de cómo mi sangre se mueve por mis venas. Por así decirlo.

  — Bien, eso buscaba.

  — ?Qué cosa?

  — Que sepas como se siente tu maná en tu cuerpo.

  Eso no me ayuda. Según sus palabras soy capaz de controlar esta energía, pero hasta ahora no me ha mostrado nada. Solo logró hacerme sentir como una mierda y muy probablemente tenga problemas para conciliar el sue?o esta noche. Me pregunto si fue buena idea pedirle ayuda. Espero que ma?ana sea diferente.

  Volvimos a Olmir con ayuda de Isabela. Rya tuvo la amabilidad de dejarme cerca de la posada por lo que no tuve que atravesar media ciudad.

  Hoy fue un día lleno de sorpresas, así como agotador.

  Historia de personaje.

  


  Ethan Nicolás Domínguez.

  


  Personalidad

  


  Rya Sorley

  


  Personalidad

Recommended Popular Novels