I. La Princesa Diferente
La Reina Ishtare estaba en sus aposentos, el espacio más cálido y seguro de todo el palacio. El sol de la ma?ana se filtraba por las celosías, iluminando a madre e hija en un juego tranquilo.
—Eso, hija, mira —dijo Ishtare, moviendo un juguete de madera tallado con la forma de un caballo.
Lizarel, siendo una bebé reía con una alegría cristalina.
—Sí, es un caballo.
—Su hija parece que aprende rápido —comentó Natif, observando la escena con dulzura.
—Sí, parece muy inteligente, ?verdad? —respondió Ishtare.
Lizarel solo sonreía, concentrada.
—Bien, mi amor, te voy a ba?ar y cambiar, ?sí? —Ishtare la cargó y la llevó con delicadeza a la tina. Natif había preparado el agua tibia con esencias.
Después del ba?o, Ishtare la vistió con un delicado vestido y se sentó para peinarla. Pero desde un pesta?eo Lizarel ya tenía 3 a?os...
—Tu cabello es muy lindo, hija, ?lo sabías?
—Sí, madre. Es parecido al tuyo, mami.
—Dime, hija.
Lizarel miró el reflejo de su madre. —Papá me quiere mucho. Me lo ha mostrado.
La respuesta de Lizarel era pura convicción. Ishtare sintió un ligero dolor.
—él te quiere mucho, mucho, como un padre, hija y más siendo su favorita hija mía.
—Yo quiero que sepas que los quiero a los dos — dijo Lizarel con felicidad en su rostro
—Princesa, qué linda se ve —dijo Natif, terminando el trenzado.
—Gracias —respondió Lizarel, con la educación de una ni?a mucho mayor.
—Lista. Te ves bonita, y más con el vestido. Y traes puesto el amuleto, ?verdad?
—Sí, mami. Eso es bueno. Los dioses siempre estarán contigo, sí, Lizarel.
Lizarel asintió, tomando la mano de Ishtare. —Bueno, vamos con tu padre y luego vamos al jardín, ?te parece?
Lizarel asintió y, tomando la mano de Ishtare, se dirigieron a la Sala del Trono.
A pesar de que Lizarel tuviera 3 a?os, era excepcionalmente educada. Mientras que muchos ni?os de la corte hubieran corrido, ella caminaba con una madurez impropia de su edad.
II. La Admiración Ciega
Las puertas de la Sala del Trono se abrieron. El Rey Yusuf estaba discutiendo severamente con el Sacerdote Deh.
—Entonces, ?cómo vamos a vencer a nuestros enemigos, Sacerdote Deh? ?Los dioses lo exigen!
—Sí, pero...
La conversación se cortó cuando vieron entrar a la Reina e hija.
Yo como princesa del rey siempre tuve modales, no corría como otros ni?os si no era tranquila mostrando postura desde los 3 a?os...
—?Hija! —Yusuf sonrió, la máscara del Rey se suavizó momentáneamente para el papel de padre.
—Papá —respondió Lizarel, caminando hacia él.
—Te ves bonita, hija. Siempre serás mi princesa adorada.
—Vamos a ir al jardín —dijo Ishtare.
—?Vas a venir, papá?
—Claro, vamos.
A pesar de ser una ni?a, yo era feliz. Veía a mi padre como alguien fuerte, el rey de todo. Mi madre era la más hermosa. Parecía todo perfecto: una familia como cualquier otra. Era lo que más amaba.
—?Vamos! —dije. —Espera, hija —dijo Ishtare. —Espera, no corras —dijo Yusuf.
En el jardín, era el mismo deleite.
—Es lindo el paisaje —dijo Ishtare. —Hay pájaros —dijo Yusuf.
—Sí, y mira, ?hay lirios! —dije yo, se?alando las flores.
—Qué lindo.
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—Saben que los quiero mucho, así como esta flor —dije, mirando a mis padres.
—Te amamos, sí —dijo Ishtare.
—Hija, siempre serás nuestra favorita. ?Por qué no vamos a ir a otro lado? —preguntó Yusuf.
—?Sí!
íbamos siempre agarrados de la mano, una ni?a entre un Rey y una Reina.
—?Vamos! —Espera, hija —dijo Ishtare. —Espera, no corras —dijo Yusuf.
—?Qué lindo se ve hasta el bosque! —No corras, hija. Te puedes caer. —Sí, mami.
—?Sabes? Así es el reino de Hai: más amplio, ?no te parece? —dijo Yusuf.
—Se ve lindo y aún lo será —dije, con la fe ciega de una hija en su padre.
III. La Inocencia Peligrosa
En el Harén, yo estaba sentada dibujando...
—?Qué haces, Princesa? —preguntó Natif.
—Dibujando —respondí.
—?Qué es eso? ?Wow! ?Qué es?
—El reino. Aquí es el bosque, y aquí el castillo, mi mami y mi papi.
—Parece que los quieres mucho.
—Sí, los quiero. Mi padre es el mejor.
—Qué bueno.
—Sabes algo, Natif...
—?Qué, peque?a?
—La sierva que cuenta las historias son inventadas.
Natif se sorprendió. —?Inventadas?
—Los cuentos no son de verdad, sino mentira.
—?Cómo sabes que es mentira?
—Porque lo sé. No me gustan los cuentos de princesas. Siempre la princesa es la víctima y la villana la mala. Pero no saben que también la villana puede ser la víctima y no la princesa.
Natif se quedó sin aliento. —Pareces muy inteligente, Princesa.
—Sí, mira aquí mi reino.
—Muy lindo.
—Voy a jugar.
Natif me veía jugar. Una ni?a de tres a?os sabía lo que estaba bien y lo que estaba mal. Me admiraban por mi inteligencia temprana, pero para mí era común. Era, sin saberlo, parte de mi historia.
Natif fue a hablar con la Reina.
—Soberana, ?ya sabe que su hija es tan inteligente?
—?Inteligente, de qué forma?
—Pues, hace un momento su hija dijo que los cuentos que la sierva cuenta son mentira. Es... inusual.
—Jajaja. Lizarel me ha dicho eso. Pero ella no sabe que está destinada a casarse con alguien. También me ha dicho que admira a su padre... pero no se da cuenta de que ella solo fue una mercancía. A veces pienso... si no me hubiera casado, no sé...
—Soberana, tranquila.
—No quiero eso para mi hija, en serio. Tengo miedo —dijo Ishtare, con ansiedad.
Pero yo era una aventurera. Lo peque?o era para mí una gran expedición.
—Princesa, no se suba allí, se va a caer —gritó Natif. —Mmm, no. No me voy a caer —respondí, ya encaramada en las ramas.
—?Princesa! Si se cae, sabe que su padre me podría castigar. Baje, por favor —dijo Natif, nerviosa.
—Mmm, no, no quiero. ?Wow! ?Quieres una manzana? —dije, tomando una del árbol.
—?Princesa!
—Mmm, es muy rico —dije, comiendo.
—Ay, Princesa...
—Ya me voy a bajar... —dije, descendiendo con facilidad. —Tranquila, no te preocupes. —?Cómo no me voy a preocupar si anda allá arriba? —No seas aguafiestas —dije, usando una frase que había escuchado a mi padre.
—Princesa, ?de dónde aprendió eso?
—De mi padre.
—No debe decir esas cosas...
—?Mira, un águila! —grité.
Natif buscó el águila y yo aproveché para correr.
—Princesa, no hay nada... ?Princesa! —?No me atrapas! —grité, feliz.
Era energética y feliz. Todo iba bien.
IV. La Decepción en el Santuario
Esa noche, yo estaba lista para dormir.
—?Me vas a contar una historia? —pregunté a mi madre.
—Quieres que te cuente, dime, Lizarel, ?eh?
—Quiero que me cuentes cómo es Moab. ?Es bonito?
—La verdad es muy bonito. El palacio es muy hermoso. El jardín llena flores, así como aquí, pero era más diferente porque era peque?o, pero aquí es muy grande hija si lo sabias.
—Entonces, mi abuela era dulce como tú.
—Así es. Era muy dulce. Ella siempre me ayudó a defenderme y otras cosas. ?Sabías que cuando supo que naciste, te hizo esta manta para arroparte? Lo hizo con mucho cari?o. Como tu ropa eso te lo hizo pensando en ti hija, siempre recuerda tu siempre serás muy amada mi peque?a...
—Se nota. Siento eso en mi corazón —dije, abrazando la manta.
—Mi peque?a, así que duerme con los dioses, ?sí? —Sí, adiós.
Dormí profundamente que so?aba el jardín más hermoso que pudiera existir.
En los aposentos reales, el Rey y la Reina hablaban.
—Fuiste a darle las buenas noches a Lizarel —dijo Yusuf.
—Sí. Ella es muy diferente de todos los ni?os. ?Puedes creer que ella sabe mejor que nadie lo que está bien y mal? Y sobre los cuentos...
—Ya lo sabía. Ella es igual que a mí. Me contaban historias, pero me daba cuenta de que son para tontos al imaginar que tendrán un amor de fantasía. No es así. Es diferente, y es bueno que aprenda.
—Pero ella...
—Muy pronto, cuando sepa que se va a casar, para ella será sencillo. Ya lo verás. Por cierto, ?ya está mi tercera esposa? —preguntó Yusuf, con un cambio de tono frío y seco.
Ishtare, con el rostro serio, respondió. —Sí, Soberano. Ella lo está esperando.
—Hazla pasar.
Las puertas de los aposentos se abrieron y entrando la tercera esposa.
—Espero que tengan una noche placentera. Con su permiso —dijo Ishtare, inclinándose con frialdad y dignidad.
Ishtare salió de los aposentos y, en lugar de ir a su propio cuarto, caminó hacia el Santuario. La tristeza y la impotencia eran palpables.
—Sacerdote —murmuró al entrar.
—Parece que su corazón está afligido, ?no es verdad, Soberana?
—Así es.
—Pues, ?por qué no hace una ofrenda a los dioses? Tal vez el Rey cambie de actitud si hace una oración ante los dioses.
—?Por qué no? Empecemos.
—Oh, dioses, Dagón, Baal, Acera, Anat, y todos los dioses, escúchanos ante esta oración.
—Dioses, tengan esta ofrenda como forma de respeto a ustedes. Les pido que le den la razón al Rey, pero él se está volviendo malvado. No permitan eso, dioses.
—Acepta nuestra ofrenda, dioses.
La sacerdotisa sacó un animalito. Ishtare lo tomó.
—Acepten esta ofrenda —dijo, antes de que el Sacerdote Deh tomara el conejo para el sacrificio.
Yo, Lizarel, estaba afuera del santuario sin miedo al ver escena. Desde entonces, entendí que los cuentos de hadas solo eran la imaginación de la sierva. Por eso, yo era algo más que una princesa...
Lizarel, la "Flor de Fuego", estaba floreciendo bajo la luz de su madre. Pero los dioses habían escuchado la plegaria de Ishtare pidiendo el retorno del Rey bueno. Y a veces, los dioses responden de la manera más cruel: quitando una cosa para dar otra.
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