Llevo ya dos semanas trabajando en los establos de los Green. Al principio me costó un poco porque ya tenía que levantarme incluso más temprano que cuando iba a la oficina en la cuidad o cuando salia a correr, pero, a diferencia de la oficina, aquí terminamos el trabajo a las tres de la tarde… y lo mejor: puedo llevar a Lulu conmigo al trabajo. A ella le encanta estar aquí. Se la pasa persiguiendo mariposas y observando a los caballos como si entendiera su lenguaje. La veo echarse una siesta bajo el gran a?bol o robarle unos premios a os caballos, se ve que lo esta pasando incluso mejor que yo.
El trabajo físico es intenso, pero me gusta. Me mantiene activa, tanto que ya no creo que vuelva a ir al gimnasio. Creo que si sigo aquí un par de meses más voy a terminar con brazos de guerrera y abdominales marcados justo lo que había puesto en mi vision board de inicios de a?o. La paga no es como en la ciudad, claro, pero tampoco tengo que gastar en alquiler, transporte ni comida cara. Así que, al final, no está tan mal. Los compa?eros de trabajo son agradables. Son muchos chicos pero me incluyen y me hacen setir segura, algo que agradezco muchisimo, en realidad me siento muchisimo mejor de lo que pense que seria.
Ahora mismo estoy en mi descanso de media tarde, sentada bajo el árbol enorme que encontré detrás del granero. Tiene una raíz que sobresale justo en la forma perfecta para recostarse. Lulu duerme en mi regazo, y yo disfruto de la sombra con mis gafas de sol puestas. Sentir la brisa de finales de Agosto es una de mis cosas favoritas del mundo.
Es entonces cuando lo veo.
Albert sale del establo montando a Max, su caballo. Va vestido como salido de una película: sombrero, botas, camisa arremangada que deja ver sus brazos fuertes y esa actitud serena de quien nació para estar aquí. Se ve… increíble. Tan varonil, tan natural en ese entorno. No puedo evitar mirarlo. ?Tendrá unos veintiocho? Creo recordar que me lleva como cinco a?os menos. Me pregunto si ya estará casado. La gente del campo tiende a establecerse joven, ?no? Aunque no le he visto anillo, tampoco soy muy buena con esos detalles. Apesar de llevar tiempo aqui trabajando en los establos y en el pueblo no he aclarado algunos chismes que me gustaria saber. Digo solo por curiosidad, no es que me interese la vida personal de mi jefecito.
Sigo mirándolo más de lo que debería, esta dando un espectáculo montado en Max digno de admiración, así que utilizo mis lentes oscuros como metodo de camuflaje pero, como si lo supiera, Albert gira la cabeza y me mira directo. Levanta una mano y me saluda con una sonrisa tan adorable que parece un cachorrito. Yo le devuelvo el gesto, algo nerviosa, como si me hubiera atrapado espiándolo. Y cuando estoy por levantarme para seguir con mis deberes, lo veo acercarse, guiando a Max hacia mí.
—Hola —dice, ya más cerca. Se detiene al otro lado de la cerca, pero desde donde estoy puedo ver sus ojos tan iluminados que casi parecen reír solos—. ?Cómo estás?
—Hola —respondo mientras me pongo de pie y me sacudo los restos de césped del pantalón—. Muy bien, ?y tú?
—Bien… pero ahora estoy mucho mejor.
—?Te divertiste con Max?—me acerco a donde ellos están.
—Claro —se ríe suavemente—. Siempre es buen plan salir con él.
—Me alegra —digo mientras acaricio la cabeza de Max. Recuerdo que tengo una menta en el bolsillo, de las navide?as que a los caballos les encantan—. ?Está bien si le doy un premio?
—Claro.
Saco la menta y se la ofrezco en la palma. Max se la come de un solo bocado, haciéndome cosquillas con los labios en mi palma. Me río.
—?Te da risa cómo comen?— pregunta Albert.
—No, me hacen cosquillas con sus labios—respondo sin dejar de sonreír.
Albert también sonríe, con una expresión que me desarma un poco y hace que sienta acelerado el corazón. No tiene sentido que me sienta así cuando solo esta siendo amable conmigo, muchas personas lo han hecho antes, pero ver el rostro de Albert tan sincero me causa esos sentimientos que no puedo explicar.
—?Qué tal el trabajo? ?Te ha gustado?— pregunta.
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Levanto mi mirada para poder verlo bien.
—Al principio fue un poco difícil, no voy a mentir. Pero Roberto y Juan han sido muy buenos conmigo. Me gusta estar aquí. Nunca pensé que podría trabajar en un establo, pero me siento bien. Gracias por darme esta oportunidad.
él niega con la cabeza.
—Por favor, ni lo digas. Es un gusto tenerte aquí.
De un salto baja del caballo. Ahora está frente a mí, y aun así debo alzar la vista para mirarlo a los ojos.
—?Me ayudas a llevar a Max al establo?
—Claro —le respondo sin pensarlo. Tenía que volver al trabajo, pero si el jefe necesita ayuda, ?quién soy yo para decir que no?
Ambos salen de la pista y camino junto a ellos.
—?Quieres que yo lo lleve? —le ofrezco, levantando la mano hacia las riendas.
—Está bien, yo lo llevo.
Asiento, y seguimos caminando en silencio. No es incómodo, pero siento que él quiere decirme algo. Lo noto abrir y cerrar la boca un par de veces, como buscando las palabras.
—?Está todo bien? —pregunto al fin.
Albert acomoda a Max en la zona de preparación para quitarle la silla y cepillarlo. Aún parece dudar.
—Sí… bueno, es que tenía una duda, pero no sé si te sentirás cómoda respondiendo… ya que no somos tan cercanos.—suena un poco avergonzado y triste al mismo tiempo.
—Ah —respondo, adivinando que será algo más personal y no algo relacionado al trabajo—. Dime, no pasa nada. No me molesta que preguntes.
—?Segura?
—Segura.
Se aclara la garganta, y siento un peque?o cosquilleo de anticipación.
—?Puedo preguntarte por qué volviste al pueblo? No creo que tu sue?o haya sido trabajar en un establo…Quiero decir, nos agrada muchismo que este aquí de verdad, a los chicos les encanta, a mi me encanta.....uh uh... pero imagino que Willow Creek no es como lo que siempre quisiste. SI no quieres contestar no pasa nada, no queria entrometerme.
Sonrío. No por la pregunta, sino por lo nervioso que se ve por hacerla. No me molesta que me pregunte por qué volví. Lo que me incomoda es lo que la gente puede pensar. Que fracasé. Que me fui creyéndome demasiado buena para este pueblo y regresé con la cabeza baja, como si la ciudad me hubiera escupido de vuelta.
No lo había pensado hasta ahora.
—Me sorprende, que con lo rápido que se esparcen los chismes en este pueblo, no te haya llegado el rumor de que mi verdadero sue?o era convertirme en vaquera profesional… —hago una pausa dramática y me río, su rostro un signo de pregunta gigantesco—. Es broma, Albert. Me despidieron de mi trabajo en la ciudad y no tenía muchas opciones,aplique en otros sitios pero por el momento nadie me llamo. Así que volver a casa fue… lo más lógico.
él asiente, serio.
—Ah…
—No te preocupes. Estoy bien —a?ado con suavidad—. Me alegra haber vuelto. Y haber encontrado este trabajo. De verdad lo estoy disfrutando.
Y es cierto.
No es la vida que imaginé cuando me fui a Nueva York con una maleta llena de ambición. Extra?o a mis amigos. Extra?o las cenas improvisadas a las diez de la noche, el ruido de los taxis, la sensación de que algo siempre está ocurriendo. A veces extra?o incluso el caos.
Pero aquí… aquí el silencio no pesa. Aquí el aire se siente más limpio. Aquí no tengo que demostrar nada a nadie.
Es como si estuviera en una versión nueva de mi vida. Una que todavía no entiendo del todo. No sé qué va a pasar, ni cuánto tiempo me quedaré. Pero hay algo en el aire —en la forma en que el sol cae sobre los establos, en la calma que siento cuando camino por estos terrenos— que me dice que algo bueno se está acomodando en su lugar.
—?Piensas volver?— pregunta él aún muy serio.
—?A la ciudad?
—Sí.
Dudo un momento en responder. Tomo un cepillo y empiezo a limpiar el lomo de Max, agradecida por la excusa de no tener que sostenerle la mirada. Suspiro.
Albert toma otro cepillo y se coloca al otro lado del caballo. No invade. No presiona. Solo está ahí.
Creo que quiere darme espacio para responder… si es que quiero hacerlo.
—No lo sé —admito al fin—. No ha pasado mucho tiempo desde que todo cambió. A veces extra?o la ciudad. El ruido. La gente. Esa sensación de movimiento constante… Pero aquí… esto también es parte de mí. Este es mi hogar.
Y decirlo en voz alta se siente distinto. Más real.
Albert sigue cepillando a Max en silencio. Lo miro de reojo. él asiente despacio, como si estuviera guardando cada palabra en algún lugar importante.
—Bueno… puedes quedarte el tiempo que quieras —dice al fin, encontrando mi mirada.
No es una frase cualquiera. No suena como cortesía. Suena… personal.
Como si no estuviera hablando solo del trabajo.
—Gracias —respondo, sintiendo un calor extra?o en el pecho—. De verdad, lo aprecio mucho.
Terminamos de cepillar a Max. Albert lo lleva a su establo y yo me quedo unos segundos más, observando cómo la luz dorada del atardecer se cuela entre las puertas abiertas.
Antes de irme, vuelvo la mirada hacia él. Está hablando con uno de los chicos, riéndose, pero por un instante sus ojos encuentran los míos.
Y sonríe.
No hablamos mucho durante el trabajo. Apenas lo necesario. Pero cada vez que lo hacemos, me siento… cómoda. Segura. Como si no tuviera que explicar quién soy ni justificar quién estoy intentando ser.
Quizás no sé todavía qué estoy haciendo aquí. Quizás no sé si Willow Creek es mi destino o solo una pausa.
Pero por primera vez en mucho tiempo, no siento miedo del futuro.
Siento… expectativa.
Y mientras manejo hacia la casa con el olor a heno todavía en mis manos, y Lulu dormida como mi copiloto algo dentro de mí susurra que tal vez no he regresado para empezar de nuevo.
Tal vez he regresado para comenzar de verdad.

